La república cisdecretada

Querido votante: me alegro de saludarte de nuevo. Hoy quería ofrecerte un juego de letras. Sabes que esto no es una república ni existe el palabro de detrás, pero algunas veces me gusta deformar a ver si de eso sale algo. Si nos ponemos exquisitos, todo lo que tiene que ver con la cosa política al final es res publica y, apurando mucho el término, uno puede referirse a cualquier país que tenga unos valores democráticos como tal. En realidad, eso lo digo yo. No tiene ningún respaldo científico, pero la carta es mía, al fin y al cabo.

Lo de usar el cis es más chulo. Me refiero a que cis como partícula atribuye un significado diferente, más extenso, al adjetivo que acompaña. Cis significa más allá, más allá de lo que sea. ¿Del decreto? Pues más allá del decreto. Bueno, pues eso te sugiero. Introduce en tu reflexión la eventualidad de tener una república, que no lo es, más allá del decreto. ¿No te decía? Usar el cis es más chulo.

Estamos expuestos a todo con este juego de malabares, amigo mío. Te explico. Tenemos un gobierno cuyo presidente ha convocado elecciones. El gobierno, como sabes, tiene la misma solidez parlamentaria que un futón finito. Ha presentado sus políticas en unos presupuestos rechazados que le han precipitado a las urnas y para explicar sus apuestas ha decidido decretarlas. En esto no es distinto a cualquier otro: el decreto es una herramienta al servicio del gobierno, que no tiene el encargo de legislar, para legislar a cascoporro. Sé que debe ser urgente y todo eso, que sí. Pero no seas iluso: si no entra por h, entra por b. El decreto es prácticamente el único arma de un gobierno sostenido por una minoría para cambiar la realidad.

Yo creo que ahí reside el quid de la cuestión: cambiar la realidad a toda costa. Más allá de los decretos con que el gobierno, desde ya mismo en funciones (lo que añade un puntito de osadía a esta práctica), nos explique su proyecto -y digo bien, explicar, ahora, su proyecto, para después- hacen falta diputados que los convaliden y recursos que los posibiliten. La realidad se obstina en no ofrecer ni lo uno ni lo otro y esos decretos pueden ser entonces papel mojado, pan para hoy y hambre para mañana. Se aplicarán de inmediato, claro, pero si luego caen, el retrato es tremendo. Propician una ficción, proponen un programa político aplicándolo cuando aún no lo hemos votado. Le falta un punto de legitimidad. Ahí es donde vamos más allá, usando el cis, porque ante la ausencia de la legitimación por las urnas nos proporcionan un sustituto demoscópico que aporta unos números que la realidad no ha ofrecido y entonces parece que un gobierno de 83 fuera otro de 130. Pero no, mera apariencia. Solo parece, no es. Por si las moscas te lo digo. Vaya a ser que no sea así. Cuídate y sigue bien, a pesar de todos nosotros.

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