Que estamos ante el momento más excepcional que jamás pensamos vivir, es una obviedad para todos. Que ni en sueños nos veíamos como nos vemos, también es una evidencia universal ahora. Que en estas circunstancias casi todo ha cobrado una relevancia diferente, obvio igualmente. Parecía, no obstante, que todo aquello que llegamos a pensar o sentir hace meses no fueron enseñanzas duraderas, sin embargo, ahora con el inicio del curso más difícil para todos, se nos vuelven a poner por delante sensaciones de aquellos días. Las importantes.

Permítanme la confidencia; trabajo con un grupo de mujeres espectaculares, todas mujeres, todas brillantes y listas, todas mamás. Todas venimos sufriendo, desde hace ya un mes, si no el confinamiento en primera persona con alguna de nuestras hijas escolares, sí que todas, el pellizco constante de lo complicado que se intuye será el curso. Sería verdad aquello de que la angustia o el padecimiento une, lo cierto es que este largo mes ha vuelto a evidenciar lo importante que es el equipo, y de manera especial, cuando las circunstancias se tornan complicadas.

Miren a su alrededor, a los que tienen al lado, o enfrente, o cerca. Si pueden sentir que les hacen los días más fáciles, les felicito y me entenderán, de lo contrario, lo lamento. Para aquellos privilegiados que ahora contamos con un trabajo, una ocupación y nos desvivimos por mantenernos a flote, es una suerte tener compañeros, en mi caso compañeras, con los que compartir ahora más que nunca preocupación e incertidumbre, pero también ganas y esfuerzos. La importancia del equipo, sea lo que sea a lo que nos dediquemos, se materializa especialmente en los tiempos complicados.

Por fortuna, esta etapa la estoy viviendo acompañada de iguales, de compañeras afines y empáticas, entre las que de manera natural se ha creado una red que sostiene y permite el equilibrio en un momento de vaivenes constantes. Cuando se rema en equipo y en la misma dirección, es fácil alternar el papel del timonel y, por momentos, entre unas y otras, somos capaces de mantenernos seguras.

Más allá de tópicos y competencia entre mujeres, lo cierto es que hablar el mismo idioma, aprovechar experiencias de iguales y compartir incertidumbre con concepciones similares, hace más fácil el empuje necesario en esta etapa. Otro día hablaremos del asunto de los cuidados y del rol de cuidadoras, de conciliación, cargas o renuncia. Hoy prefería hablar de remo y complicidad, y hasta del oro de las españolas en el campeonato europeo que ahora empieza y que espero que revaliden.

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