Mi reino no es de este mundo

Mi reino no es de este mundo (Juan 18:36). Aquella frase categórica de Jesús a Pilatos la hago mía salvando las infinitas distancias que hay entre a quien no soy digno de desatarle las sandalias y este humilde punto en la existencia que soy yo y, no lo olvidemos, somos todos -porque por mucho que atesores o que te creas más que nadie, al final polvo eres y en polvo te convertirás-. Con esta frase, el nazareno se lo decía todo al romano, que su reino no podía ser el de un mundo en el que el hombre es un lobo para el hombre, en el que el respeto a los demás brilla en más casos de la cuenta por su ausencia, en el que está de moda creerse el rey del mambo caiga quien caiga, en el que no se escucha al otro cuando te habla porque en realidad te importa un bledo lo que te está diciendo...

Y hago esa categórica frase mía precisamente por eso, porque los tiempos -como canta a modo de profecía Bob Dylan desde hace décadas- están cambiando, no paran de cambiar hasta dar un giro de 180 grados a los valores humanos y dejar -parafraseando al exvicepresidente socialista del Gobierno Alfonso Guerra- a España -y al mundo entero- que no la conoce ni la madre que lo parió en ese sentido. Voy a poner un ejemplo de lo que quiero decir, un ejemplo que me pone los pelos de punta. Hace ahora un mes, el juez de Menores de Córdoba, Luis Rabasa, alertaba del aumento de la violencia familiar y de casos en los que los padres denuncian que "no pueden" con sus hijos. En declaraciones a Efe, el magistrado y psicólogo, responsable del juzgado único de Menores de Córdoba, apuntaba que "el delito estrella que se ha incrementado de forma muy exponencial y alarmante es la violencia de hijos contra los padres", hasta llegar a la mitad de los asuntos que trata. "Educacionalmente, algo está fallando cuando los padres llegan pidiendo socorro", insistía el juez, quien apuntaba a "la pérdida de valores" como causa de este tipo de violencia familiar y alertaba de que "se ha perdido la autoridad, todo es permisividad". Patética y preocupante, ¿verdad? la sociedad que estamos educacionalmente creando y en la que ese comportamiento violento de los menores es también indeseable con los más débiles y en el plano extrafamiliar. No es pesimismo, es una realidad constatada, realidad a la que contribuyen además padres para los que sus hijos son intocables, dioses a los que el resto de los mortales tienen que rendirles pleitesía. ¡A ti, hijo, que al maestro no se le ocurra decirte nada, y si otro niño te pega, pues tú le pegas más fuerte! No sé si será porque como cantaba Carlos Goñi (Revólver) la vida son cuatro días y yo por el tercero -por eso de pertenecer a una generación educada en el respeto a los demás- o el cuarto voy, lo cierto es que soy de los que empieza a sentirse fuera de juego y a contracorriente. Insisto, mi reino no es de este mundo.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios