Escribíamos el domingo pasado sobre la guerra razonando que es necesario reflexionar públicamente sobre escenarios alternativos de futuro, en vez de resignarnos a seguir por la senda que interesadamente marcan determinados poderes que ven en peligro su existencia. El miedo como herramienta y la codicia como motor han extendido una globalización que podríamos definir como una red global de miles de millones de personas -según Eurostat 4.021 millones terráqueos tenemos acceso a internet en 2018, un 53% de la población mundial, y no hablamos exclusivamente de internet- e instituciones interconectadas.

Una red por la cual, más allá del ruido, el mensaje más unívocamente propagado de manera constante, y consciente o inconscientemente es beneficio. Beneficio ya. Satisfacción inmediata. Para unos en forma de moneda de curso legal y/o en millones de votos; para otros en forma de likes en medio de una existencia atropellada y decadente en la que el tiempo se acorta, se estrecha y se deshecha vilmente por el sumidero de las RRSS; y el resto, que lo zurzan: they can't get no satisfaction. La bipolaridad del mundo de la guerra fría ha mutado en una situación geopolítica global en la que los tres actores protagonistas -EEUU, China y la UE- con visiones y estrategias diversas, tratan de atraer a sus esferas de influencia, a sus alineaciones, a actores secundarios que quizás no lo son tanto: Rusia, aún jugando en una división de PIB similar a la de España, extiende su esfera de influencia en Medio Oriente (Irán, Siria); India posiblemente sea la mayor generadora de código informático del planeta, con lo que eso significa a corto y medio plazo.

Esta es la escena. El teatro de operaciones. El teatro. Teatro. En unas salas comedia bufa de cuarta; en otras, tragedia griega; poco drama. Y el elenco cada vez peor. Lo mejor de todo esto es que desde hace unos años, parte del público le ha visto el cartón al muñeco y cunde el escepticismo. La duda crece y eso genera cada vez más preguntas pertinentes. Sólo desde el conocimiento en su sentido más extenso se le pueden dar respuestas: es esa la reflexión pública que necesitamos. Entre tanto nos van a seguir intentando cebar con toneladas de fake news, esa infecta grasa de la espuma del cocido, que es la actualidad informativa. Mientras aquí nos entretenemos con lazis y contralazis, Marruecos ha puesto la mili entre los 19 y los 25 años: 600.000 efectivos a sumar a los 190.000 existentes, y en cinco años tres millones de soldaos en la reserva. Al loro.

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