La política precisa de símbolos. Los grandes, los auténticos líderes que traspasan sus mandatos y entran en la Historia, convertidos en referentes, refuerzan esa mística imprescindible para su recuerdo y siembran oportunidades de reflexión y acción, incluso cuando se marchan. El fin de semana dio tierra al cuerpo de Kohl, el gran Helmut Kohl. Y Europa debe seguir.

Helmut Kohl fue el canciller alemán más determinante que la Europa unida ha conocido, pero no sólo fue el jefe de gobierno de aquel país sino que, además, impulsó decididamente la Unión Europea de hoy y fue el visionario pragmático y arrojado que no dudó en asumir la reunificación alemana. Para España, fue un aliado crucial en nuestra incorporación imprescindible a la Europa política y lideró, junto con Felipe, Mitterrand y Delors, en un juego de contrarios ejemplar, el desarrollo más exitoso de la integración europea hasta la fecha.

Su funeral de Estado supera el concepto propio de Estado, como lo hizo toda su política. Ha sido de Estado, sí, pero de Súper-Estado que, lamentablemente, aún no existe como tal: un funeral de Estado europeo. Cargado de razones para ello, su féretro se cubrió con la bandera europea y las palabras para reivindicar su memoria y su legado se pronunciaron en las lenguas de la Unión en el corazón del parlamentarismo europeo, Estrasburgo. Sobrevoló después antiguas fronteras, hoy invisibles, para terminar en su país de origen, aquél que volvió a unir, sin importar el coste, ni si era oportuno, ni si le valía la pena, porque era lo justo, lo que había que hacer, para mandar un mensaje a la gente que salió de la opresión cruel del comunismo totalitario: la libertad es vuestra y no tenéis que esperar para tomarla.

Kohl pertenecerá para muchos a otra época y algunos jóvenes que han conocido esta Europa actual, plena de oportunidades pero vacía de entusiasmo, no serán conscientes de cuánto le deben a este político gigante y a sus colegas de generación. Tanto es así que la velocidad del discurso político de hoy día, que muta criterios para alcanzar posiciones en la última encuesta, pone en cuestión todo lo logrado por esos dirigentes de raza que por edad y situación política estaban llamados a ser mucho más cautos y conservadores, pero que activaron todo su liderazgo político para gestionar empresas enormes y hacerlo con éxito. Kohl fue un líder de una pieza.

La biología hace su trabajo y es lógico que vayan faltando nombres como el de Helmut Kohl en nuestros tiempos. Aunque no puede evitarse, es ingrata la vida porque, poco a poco, van faltando trozos de nuestra espléndida historia democrática. Con ellos, se sabía que, con independencia del punto de partida, las cosas irían a mejor. Hoy, con pocos repuestos y mucho vacío, apenas queda el azar para anticipar el futuro.

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