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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

El número 12 de la selección

Miguel Ángel Blanco tenía cuando lo mataron la edad de Casillas, un año más que Xabi Alonso, uno menos que Xavi

Amiguel Ángel Blanco (1968-1997) lo asesinaron a sangre fría cuando tenía 29 años. Como los aniversarios son así de caprichosos, el concejal del PP en Ermua tenía los mismos años que Casillas cuando hace diez años conquistó el Mundial de Sudáfrica. Tenía un año más que Xavi Alonso y Villa, uno menos que Xavi. De los más jóvenes de aquel elenco de campeones, Piqué y Cesc tenían los 23 años que han pasado desde aquel asesinato cuyas horas previas de angustia vivió el país con el corazón en un puño. Blanco era miembro de esa selección, lo mataron por un odio cerval a esas tres sílabas: España.

Ha querido el azar que las primeras elecciones en el País Vasco tras el estado de alarma coincidan con un nuevo aniversario del crimen que propició el Foro de Ermua. La juventud del País Vasco ignora quién fue Blanco, aunque una parte importante vea en Bildu, que nunca condenó ni ése ni ninguno de los asesinatos de ETA, una buena opción por su perfil social, feminista y ecologista (epítetos de un reportaje de Juan Navarro en El País de ayer).

No es imaginable que nadie después de ejercer su derecho al voto en Euskadi mostrara una camiseta con el nombre o la imagen de Blanco como hizo Iniesta con Dani Jarque tras batir al portero holandés. No saben quién fue Blanco, una ignorancia que no parece inocente ni casual sobre unos crímenes más próximos en el tiempo y que evidencia el sesgo ideológico de parte del discurso de la memoria histórica que, por cierto, también hace suyo la muy feminista, ecologista y animalista candidatura de EH Bildu.

Blanco llevaba dos años de concejal del PP en Ermua. La tarde del 12 de julio, Francisco José García Gaztelu, Txapote, le disparó dos tiros en la cabeza en un descampado de Lasarte. José Luis Geresta le sujetaba la cabeza al munícipe. Irantzu Gallastegui Sodupe los esperaba en un vehículo en cuyo maletero fue trasladado el edil hasta su lugar de sacrificio. La tercera colaboradora fue la que lo interceptó en la estación de tren de Éibar cuando el joven se dirigía a su lugar de trabajo después de comer en casa de sus padres.

La vida de Blanco transcurría entre Ermua y Éibar, municipios afectados por el derrumbamiento en el vertedero de Zaldívar el 6 de febrero que sepultó a Joaquín Beltrán y Alberto Sololuze, de los que cinco meses después se sigue sin noticias. Sería muy triste que dentro de 23 años a los jóvenes de entonces no les sonaran los nombres de esos trabajadores desaparecidos bajo toneladas de escombros.

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