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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

No en mi nombre

Cualquier indocumentado monta su asociación y pasa a representarlo usted sin que usted se haya enterado

El otro día, una autodenominada asociación de defensa de la sanidad pública protestó de forma airada, creo que en Aragón, contra la donación por parte de Amancio Ortega, el dueño de Inditex, de 320 millones para equipos de radioterapia de última generación que se usarán en el tratamiento de tumores en los hospitales públicos españoles. Una acción similar ha realizado ya en Andalucía donde, que yo sepa, nadie ha hecho otra cosa que elogiar la acción filantrópica del hombre que más dinero gana en España y que de esta forma, además de con impuestos, devuelve a la sociedad parte de lo que la sociedad le ha dado. La noticia -de alguna forma hay que llamar a esta tontería-no tendría ninguna trascendencia, más allá de ser un síntoma del descerebre del que da muestras preocupantes una parte del país, si no fuera porque hace emerger una cuestión que siempre me ha llamado la atención: la de la representación de las asociaciones, oenegéso colectivos de cualquier tipo que se erigen en portavoz de gente que nunca les ha otorgado su confianza para se hable en su nombre. Me gustaría saber cuántos aragoneses se han sentido heridos por el hecho de que Amancio Ortega se gaste dinero que es suyo legítimamente en mejorar la calidad de la asistencia sanitaria. Estoy seguro de que más allá de los tres o cuatro que manejen esa asociación será difícil dar con alguno.

Aquí cualquier indocumentado monta su propio chiringuito y automáticamente se erige en el apoderado mío y de usted sin que ni usted ni yo nos hayamos enterados. Lo hacen además, esto es lo más grave, con la complicidad y el dinero de las administraciones, sobre todo autonómicas y municipales, que de paso se buscan unos interlocutores cómodos y subvencionados que les sirven para vender la imagen, falsa, de que se cuenta con los administrados. Se podrían dar decenas de ejemplos de colectivos de todo tipo que actúan en la práctica como legítimos representantes sin que jamás hayan pasado ningún proceso de legitimación. En Andalucía existe una organización de "consumidores y usuarios" que ha desarrollado una enorme habilidad para salir en los telediarios hablando con autoridad emanada de no se sabe dónde de los temas más dispares desde, por poner algún ejemplo, la caducidad de los yogures hasta la obsolescencia de los electrodomésticos. Lógicamente, ni se molestan en explicar cómo llegan a las conclusiones que proclaman en nuestro nombre. De todos estos grupos podríamos decir lo que los jóvenes airados del 15-M decían de los políticos: no nos representan.

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