Mensaje en la botella

El nivel y el nivelito

Hoy día no hay en las filas de los partidos los denominados hombres o mujeres de estado

Una semana más -o una menos, según se mire- para acabar con la incertidumbre de si habrá que repetir elecciones generales o no. Lo cierto es que conforme han ido pasando los días se ha ido ratificando que la convivencia entre el partido ganador de los últimos comicios -el PSOE- y sus posibles socios -Unidas Podemos- se ha ido deteriorando, hasta el punto de que el debate ahora está en si será negativo que ambos mantengan sus diferencias o, todavía peor, que conformen un gobierno que tendría que soportar la duda sobre la lealtad de unos y otros. En fin, que casi todos tratan de vendernos que, ante el caos, mejor pasar por las urnas cuanto antes.

Resulta innecesario ya escribir más descalificativos sobre lo que está pasando en este país en los últimos años en clave política, porque casi todo está dicho, pero eso no puede ocultar la indignación que sentimos los ciudadanos ante la incapacidad de nuestros dirigentes y los acólitos que les acompañan, que más que aconsejarles en la toma de decisiones se dedican a ejercer de palmeros agradecidos.

Prueba de lo que tenemos es la última ocurrencia de Pablo Iglesias de pedirle al Rey Felipe VI que medie para que Pedro Sánchez acceda a un gobierno de coalición entre socialistas y podemitas. Se ve que al dirigente morado le suena a chino el mandato constitucional sobre la imparcialidad del monarca. Aunque este gesto parezca una anécdota, pone de relieve que en España tenemos la peor generación de líderes políticos de los últimos 40 años de democracia. Y no se trata aquí de reivindicar con nostalgia que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni mucho menos, pero sí el certificar que no hay en los partidos los llamados hombres o mujeres de estado.

Una anécdota. En un municipio cordobés, importante por su población, se produjo allá por los años 80 del siglo XX una situación complicada de gobernabilidad por la falta de una mayoría amplia y un elevado número de partidos con representación en el pleno. De manera discreta, los candidatos de todos los partidos se reunieron para decidir, entre todos, quiénes debían estar en el gobierno y quiénes en la oposición, de acuerdo a afinidades ideológicas e incluso personales. Y lo hicieron así porque tenían claro que su pueblo tenía muchas carencias, que necesitaba un gobierno estable y una oposición que fiscalizara la gestión.

¿Alguien se imagina una situación similar hoy? Seguramente no, porque estamos en manos de políticos a los que les falta liderazgo, que carecen de habilidades para pensar en su país al estar ocupados en su propia supervivencia. Y además, se retroalimentan por aquello de que son conscientes de que son tan torpes como sus adversarios. Y luego nos piden responsabilidad y patriotismo. Por desgracia, ese el nivel en el que se ha situado la política en España. Y sí, pienso como usted: ¡vaya nivelito!

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