Reloj de sol

Joaquín Pérez Azaústre

Otra muñeca rota

HEATHER Locklear es la muñeca rota, pero hace poco tiempo rozó la plenitud. Fue el rostro seguro que encarnó la primera versión televisiva del ya famoso Porque yo lo valgo, y era cierto, sí, que lo valía: de hecho, ninguna otra estrella de la pequeña pantalla ha desarrollado tal glamour desde su nacimiento hasta su ocaso público. Hoy, todo el mundo recuerda el anuncio y la marca, e incluso habrá quien reconozca, en ese rostro ajado por el desconcierto invisible en su fotografía policial, a esa Amanda Woodward que, a lo largo de la esplendorosa década de los 90, que en la televisión fue enteramente suya, trajo por un repecho de incauto desconcierto a cuantos protagonistas masculinos desfilaron por la más emblemática serie de esos años, Melrose Place.

Heather Locklear/Amanda Woodward no sólo los seducía a todos, sino que los devoraba a todos, también. La serie, concebida como contrapartida acanallada y adulta de la sonrosada 90210, conocida en España como Sensación de vivir, mostraba los encuentros ardorosos, atormentados y pélvicos, lastrados de cansancios interiores y de un cierto escepticismo esperanzado, de un grupo de jóvenes que, poco antes de llegar a los treinta, ya han vivido lo bastante como para contarlo en una serie. Allí entró Amanda, como un tornado erótico, que fue la misma forma que empleó para entrar, justo la década anterior, en unos 80 que también fueron suyos, en la añorada serie Dinastía, interpretando a la fogosa Sammy Jo Carrington, la sobrina de Blake, aquel John Forsythe siembre debatido entre el amor sutil de Krystle/Linda Evans y la erupción volcánica y egipcia de Joan Collins/Alexis, que hizo temblar de maldad al fantasma de JR. Allí, en medio del follón, apareció como siempre una Heather Locklear con los recién cumplidos veinte años, pero ya preparada para protagonizar algunas de las escenas de cama y emoción más tórridas que pueden recordarse, del mismo modo que luego, en Melrose Place, le enseñaría al tierno y cándido de Billy el valor de la lencería roja. Nunca saltó al cine, porque no le hizo falta: lo suyo era ser musa de la tele.

Sin embargo, su leyenda sería imperfecta sin un final extraño y surrealista. Tras un año de tratamiento por depresión, este fin de semana Heather Locklear ha sido arrestada en Santa Bárbara por conducir, aparentemente, bajo los efectos de las drogas. Sin embargo, no fue así: al parecer, sólo fue una consecuencia de la medicación, y su error fue intentar conducir su propio coche. Heather Locklear aparece en la fotografía policial con una turbación deshabitada, completamente ajena a su papel de serpiente enredada a la manzana de cualquier deseo. Hace poco, el 25 de septiembre, fue su cumpleaños. Todavía no ha cumplido los cincuenta, pero ya ha mirado hacia ese abismo trágico que alumbra el mito oculto de un actriz.

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