Cuando llegan estas fechas y empieza todo el mundo con el mamoneo de la lotería siempre digo que se tienen casi las mismas posibilidades de que te toque comprando que sin comprar. Si no compras tienes cero posibilidades, si compras el euromillón tienes una entre ciento quince millones, en la lotería nacional, una entre dieciocho millones, en la quiniela, una cada cinco millones; si vives en Nueva Zelanda -antípodas también en esto- tienes una posibilidad entre doscientas mil de morir por coronavirus, en España una entre mil, que si hacen ustedes la división es cero coma cero, cero, uno, es decir, casi cero. Tenemos casi las mismas posibilidades de no morir por coronavirus haciendo el gilipollas que sin hacerlo, pero cada vez que lo hacemos metemos papeletas en el bombo y visto que la gilipollez se contagia más que el virus al final si no nos alcanza uno nos alcanzará la otra, por activa o por pasiva.

Como no todos ustedes saben, hay algunas diferencias entre un virus y el juego: las loterías son puro azar y la extensión de la pandemia tiene relaciones causa efecto que bien haríamos en investigar a fondo para protegernos ahora y en la próxima; en las loterías se sabe el número de premios y de papeletas antes del sorteo, con lo cual se conocen de antemano las posibilidades de que no te toque; en la pandemia cada ser humano es una papeleta y las posibilidades de que no te toque disminuyen cada día que pase, hasta que nos alcance la vacuna. He observado que la gente normal compra lotería no tanto por la ilusión de que les toque, sino porque les resultaría insoportable que le toque a algún allegado y a ellos no. Yo, que soy anormal, no compro y me quedo tan pancho, y si le a toca algún allegado, de entrada me alegro, y más si se estira y convida. Lo chungo a veces les viene luego porque hay cabezas que no están preparadas para manejar esos montones de pasta, igual que no todo el mundo tiene manos para conducir un fórmula uno: al final te estrellas y te lo gastas todo en botica si no palmas.

Peor es la papeleta del coronavirus, porque lo que llevamos son participaciones compartidas con los demás y no se puede no comprar y reducir a cero las posibilidades de que te toque. Curioso país, pensando en fiestas cuando ha muerto, como poco y por ahora, uno de cada mil españoles. Propongo que celebremos la Navidad con recogimiento de Jueves Santo zamorano y dejemos que la Navidad estalle en la primavera del 2021 aunque sea en septiembre. No doblemos la apuesta.

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