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Veredas livianas

Noelia Santos

nsgemez@eldiadecordoba.com

Los mil Hombres

Hay un contador en España que no se para y hay mil hombres que han dejado un reguero de muertes

Acabo de leer esta frase: "Una mujer tiene más probabilidad de ser asesinada por su pareja o expareja que en ningún otro ámbito". La pronuncia María Ángeles Jaime de Pablo, presidenta de la asociación de mujeres juristas Themis. La he encontrado entre uno de los tantos artículos que me he leído antes de ponerme a escribir esta columna que va sobre los mil hombres. Por lo visto, desde 2003, hay un contador que reúne a un millar de personas (hombres) que tienen algo en común. Uno de los denominadores claros que les agrupa es que son asesinos, el otro es que son hombres. Todavía les acercan más características. Por ejemplo, los mil mataron a otras mil mujeres. Aquí no queda la cosa. Todos ellos tenían o habían tenido una relación sentimental con las mil víctimas. Las putas casualidades. El contador no lleva al día los hombres (padres) que han matado a sus hijos para vengarse de sus parejas, o los que han asesinado a familiares o amigos de estas últimas que intentaban protegerlas.

Hay un contador en España que no se para y hay mil hombres que han dejado un reguero de muertes que no cesa. También hay negacionistas, personas que dicen que mil hombres no constituyen una estructura social podrida de machismo, que desechan el hecho claro de que las mil mujeres muertas no estarían muertas de haber sido hombres. Negacionistas de estos hay incluso en el Congreso de los Diputados, en el Parlamento de Andalucía y ya mismo en el Ayuntamiento de mi ciudad.

Hay algo que no todos estos mil hombres tienen en común, solo unos cuantos. Casi 600 no fueron denunciados antes de convertirse en asesinos. Lo común de las casi 600 asesinadas que no los denunciaron fue el fracaso. No el de ellas, sino el del sistema. Un sistema incapaz de proteger y dar seguridad, un sistema que no quita el miedo, un sistema sin capacidad de generar confianza que se traduce en una sociedad de mierda.

Una sociedad que tiene bajo tierra a mil mujeres asesinadas por hombres y que firmó un pacto de estado contra la violencia de género cuatro años después de iniciar el maldito y necesario contador, Pacto de Estado al que no entró dinero hasta un año después, el mismo que algunos quieren eliminar, algo que, por cierto, no vamos a permitir. Que paren los malditos asesinos y que paren los malditos hombres porque seguiremos podridos y siendo unos fracasados hasta que no se pare el maldito contador.

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