Dinero

No nos engañemos, vivimos una deriva hacia el iliberalismo en la que todo el arco político esparce su propaganda

Recuerdo con viveza mi primera clase en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Hispalense. Aula magna, altísima tarima de madera, bancada en escalera y en la titánica pizarra central una pregunta: ¿qué mueve el mundo? En medio de la algarabía de bachilleres recién ingresados en la Universidad, un profesor bajito, regordete y aparentemente gris, ascendió con parsimonia a la tarima y se quedó allí en medio, callado, parado, mirándonos. Se hizo el silencio y el catedrático aguantó hierático un minuto más. Antes de que la bancada comenzara a removerse de nuevo, metió la mano en su bolsillo derecho, sacó un billete de mil duros de aquellos, lo mostró al tendido, lo hizo trizas, nos lo arrojó a la cara y volvió a quedarse allí en medio, callado, parado, mirándonos mientras se desataba una ola de reacciones entre la indignación, la estupefacción y el alboroto.

Nos miraba con brillo en los ojos mientras algunos recogían las decenas de pedazos y discutían sobre la posterior reconstrucción y reparto, otras comentaban que menuda barbaridad, con lo que cuesta ganarlo, algunos abandonaban la clase. Yo, intrigado, observaba al profesor, que ya no me parecía nada gris, mientras él esperaba en su quietud volver a atraer nuestra atención. Nos dijo que lo que había roto era un trozo de papel con tinta. Nadie le creyó. Nadie. Esa es la clave.

Tengo un amigo ateo que defiende la existencia de Dios, allí donde haya un creyente. Creencias y ocurrencias de todo tipo y para todos los gustos penetran con fuerza el pensamiento de cada vez más gente. No nos engañemos: estamos viviendo una deriva hacia el iliberalismo en la que todo el arco político en lugar de arrojar luz desde la lógica, recuperando el racionalismo humanista que ha cimentado la construcción de Occidente, esparce su hábil propaganda de los que predicen pero no aciertan, de los que diagnostican pero no curan, de los que rescatan pero no salvan, de esos que han ascendido de brujos a chamanes y que ahora, investidos como nuevos sacerdotes de la verdad inexorable propagan su basura para lograr su objetivo de dominación por un puñado de dólares. Antes, con el patrón oro te cambiaban los billetes por su equivalente en el vil metal, a razón de 35 dólares la onza. Con este panorama el tipo cambiario va a alcanzar los 35 dólares por tazón de mierda fresca del día. Mejor nos vendría establecer el metro cúbico de agua potable como moneda de curso legal.

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