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La hora de la verdad

Llega la hora de los pactos y las conspiraciones e intentar convencer de por qué donde dije digo, digo Diego

El palabrerío y las expresiones huecas se han establecido de forma contundente en el lenguaje de los personajillos que se asoman a la vida pública, aún más en el léxico de los políticos. No sé si es cosa de ellos o de los autores de sus discursos, pero parecen monitos de repetición que se limitan a exponer lo que les prescriben sus asesores y a leer discursos que le escriben profesionales de la palabra. Pocos tienen la suficiente personalidad para expresar ideas propias y menos son los que se atreven a opinar y actuar de manera diferente a la pléyade de asesores y aduladores que se limitan a sugerir lo políticamente correcto y lo que conviene a un sector del electorado, no al conjunto de los ciudadanos. En ello les va el cargo y no permiten que aparezca el más mínimo atisbo de liderazgo.

En democracia el pueblo habla, pero no siempre lo hace al gusto de todos. Eso sí, la noche poselectoral todos están satisfechos y todos se sienten triunfadores, aunque no sea así, pero los candidatos ofrecen y justifican las valoraciones que les convienen y así se lo han hecho saber los asesores. Pronto llega la hora de la verdad y todos se quitan la máscara. El pueblo, mientras tanto a aguantar el tirón y a esperar otros cuatro años para poder aceptar o rechazar la labor de los gestores que pocas veces se sienten atados a lo que prometieron y actúan según les conviene.

Se acerca la hora de la verdad. La situación se parece a la que contaba Paco Gandía sobre su primer traje. Sus padres le compraron el más barato del mercado y, como era costumbre, lo estrenó un Domingo de Ramos. Quiso el Creador que esa tarde lloviera y apenas cayeron las primeras gotas, mientras esperaba la salida de la Borriquita, un señor que estaba más atrás hizo un comentario: ¡Ahora es cuando vamos a ver los trajes buenos y los trajes malos! Y el tío llevaba razón. A los pocos minutos el traje de Paco comenzó a encogerse y las hombreras a hincharse. Él mismo decía que su aspecto era el de un pájaro embolado.

Estamos en una situación parecida. En unos días asistiremos a la formación del gobierno autonómico andaluz. Superado el trámite de convocar elecciones y someterse al dictamen del pueblo, llega la hora de los pactos y las conspiraciones e intentar convencer de por qué donde dije digo, digo Diego. Esperemos que el chaparrón no sea fuerte y que el traje que hemos elegido sea de calidad.

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