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Ni héroes ni villanos

España ha hecho grandes aportaciones al mundo en lo referente a la cultura del botellón

El fin de semana pasado nos ha dejado la triste noticia del fallecimiento en la provincia de cinco personas en accidentes de tráfico. Todos eran jóvenes, alguno menor de edad, y da la impresión de que hubieran sido evitables. Son accidentes en los que parece desempeñar su papel el destino, aunque en muchas ocasiones éstos se deben a imprudencias cometidas bajo el efecto del alcohol y de las drogas. Las desgracias vienen solas, a veces de forma injustificada, pero hay quien juega con fuego y acaba abrasado.

Basta con dar una vuelta los fines de semana por diversas zonas de la ciudad para comprobar cómo se comporta la denominada movida. Movida cultural la llamó un ingenuo alcalde al que le venía grande el cargo público que ocupaba. España ha hecho grandes aportaciones al mundo en lo referente a la cultura del botellón. Ocupamos un lugar destacado en el ranking, lástima que no ocurra lo mismo con el estudio PISA. El consumo de alcohol en grupo invadiendo espacios públicos deja a su paso infinidad de residuos e inmundicias, cuya limpieza pagamos con nuestros impuestos, además de no dejar descansar al vecindario.

Comprendo que no es fácil de controlar, pero poco se hace para evitarlo. Nada que ver con la sana costumbre de salir de copas con los amigos sin molestar a nadie ni hacer las necesidades en la vía pública. Los grandes beneficios económicos que el consumo de alcohol deja a nivel privado y público, hacen dudar que se hagan los esfuerzos necesarios para regularlo. He sido testigo de cómo ciertos campus docentes eran ofrecidos a los alumnos para la bacanal colectiva. Los votos en el claustro son los votos y la pela es la pela. Padres, educadores y autoridades se ven impotentes, aunque da la impresión de que estos últimos miran para otro lado. Los jóvenes beodos nada exigen ni reivindican.

Ya ni siquiera es cierto aquello de que la muerte nos iguala. Los espacios dedicados a la muerte de los jóvenes de Casariche y Umbrete, éste último arrollado por un conductor que tenía retirado el carné y que dio positivo a los controles de alcohol y drogas, han sido insignificantes en comparación con las alabanzas brindadas al deportista que circulaba al doble de la velocidad permitida. Los tres accidentes son lamentables, aunque unos sean más culpables que otros. Es el dolor el que los iguala, sin olvidar que ni unos son tan héroes ni otros tan villanos.

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