Hoy pensaba hablar de ese personaje emparentado con la Realeza de nombre Ignacio Urdangarín que se autodefine como el duque empalmado, de ese personaje que con la aquiescencia de la Justicia más ciega -¿pero alguien esperaba que a la Justicia le quitaran la venda de los ojos en un caso como éste?- se ha reído en pareja -con su Alteza (con síntomas de bajeza) Real- de todos los españoles para más INRI en estos tiempos de supervivencia económica para la mayoría. Hoy pensaba añadir al respecto que me río de Janeiro con eso de que su Alteza Real no sabía nada de ese caso con el que noos estaban tomando el pelo a cuatro manos -claro, ella sólo amaba y el amor, ya se sabe, es ciego-. Hoy pensaba relacionar ese caso de carcajadas infames con el de ese episodio de la trama Gurtel en el que la exministra Ana Mato veía aparecer un día sí y al otro también en su garaje coches de alta gama comprados poco menos que con dinero público sin, según ella, preguntar de dónde habían salido, y asistía a fiestas de cumpleaños organizadas para sus hijos con presupuestos poco menos que los empleados en los eventos de Disney World como si fuera lo más normal del mundo. "Eso era cosa de mi exmarido", dice. Qué curiosa coincidencia amnésica. Hoy pensaba también relacionar toda la indignación que provoca lo anterior con ese caso de presunta corruptela que afecta al presidente de la comunidad de Murcia -del PP- y que ha supuesto que el fiscal general del Estado haya retirado su confianza al fiscal de la región murciana por investigar al mandatario popular.

Y ya que ha salido la sentencia al respecto, hoy pensaba también hablar de esos iluminados estrategas económicos en beneficio de sus bolsillos, el exministro Rodrigo Rato y expresidente bancario Miguel Blesa, quienes son sólo la punta de un iceberg de todos los colores políticos que formaban parte de un consejo de administración de Bankia en el que se gastaban astronómicas cantidades de dinero de los demás gracias a esas tarjetas black con las que, incluso, las amantes de turno de alguno que otro de esos consejeros tenían hasta el último modelo de lencería fina.

Hoy pensaba hablar de todos ellos, pero no creo que merezcan la pena y que lo haga en un día en el que debo rendir homenaje a un par de personas anónimas que acaban de desaparecer de mi vida y cuya honestidad no cuestiona nadie. Hoy tengo que hablar de mi vecino Rafa -de Córdoba-, un buen tipo que era la antítesis de los que antes he nombrado, y de Antonio, un buen hombre que perdió la vista tras estallarte un barreno mientras trabajada de picapedrero en Belalcázar (Córdoba) y que desde entonces se ganó la vida humildemente. Vosotros sí que merecíais la pena.

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