Decía Manolo Vázquez Montalbán -literalmente, en Contra los gourmets- que la cocina es una metáfora ejemplar de la hipocresía de la cultura porque se basa en un asesinato previo, sea de una alcachofa o de un jabalí, asesinato enmascarado gracias a la cultura, gracias a la práctica culinaria. Hoy en día, los perfectos asesinos de cosas de comer son premiados con estrellas Michelin -a más encubrimiento, más estrellas- y los asesinos de congéneres, con premios Nobel de la Paz. Quien diga que la guerra es mal negocio se equivoca, nada hay que nos aleje más del ocio, del dolce far niente, que la guerra, nada hay más lucrativo para el que gana que la guerra, sobre todo cuando es vista como un juego de suma cero, que no lo es.

También decía el gran Vázquez Montalbán, por boca de Pepe Carvalho, que esto no es moverse, es ser movido, asumiendo sagazmente que habiendo mucho dinero y poder por medio uno no deja de ser una ficha movida por otro semoviente, un instrumento de la tragedia, que como todos ustedes saben, viene del griego tragoedia, de tragos, chivo y oide, oda, canción, y era un himno religioso que se cantaba cuando se degollaba al cabrito en las Dionisíacas. El chivo expiatorio del Levítico, pasado por el vino y el teatro de los griegos.

Puro teatro, también del griego, theatron, lugar para ver. No hay más ciego que el que no quiere ver, pero aquí somos unos mirones: veamos.

Hay en esta obra dos dioses que ganan y se mueven, cuatro entre héroes y hombres que pierden y son movidos, y el coro que soy yo -un autorreflejo del hombre dionisíaco, dijo Nietzsche-.

Los Estados Unidos ganan cohesión social en el momento de mayor polarización desde su guerra civil: nada une más a un pueblo que el enemigo exterior; ganan además en la operación renove que cada cierto tiempo necesita su industria armamentística: hay que enseñar el último modelo para vender el penúltimo.

China gana el desplazamiento fuera de sus fronteras del mensaje más negativo a nivel global -la guerra- justo en las fechas en las que ellos lanzan al mundo el mensaje más positivo -las olimpiadas-; ganan además suministro de gas a largo plazo, 38.000 millones de metros cúbicos al año para empezar, que igual hay que restarle a los 46.000 que le vende Rusia a Alemania, que pierde, y es movida aunque se resista, como Francia -y todos los demás satélites del núcleo UE, no somos otra cosa hoy- que pierde si palman los tudescos. Rusia y Ucrania, que son pueblos hermanos también pierden, más allá de las sanciones de uno u otro lado el fratricidio no se cura pronto. No a la guerra ¿qué guerra?

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