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Vox se ha apuntado un tanto al imponer al gobierno de Murcia de PP y Ciudadanos lo que llama un pin parental, un mecanismo por el que los padres puedan vetar contenidos académicos relacionados con la igualdad de género y la educación sexual. El Gobierno lo recurrirá en los tribunales; tenemos otra guerra escolar. De hecho, vivimos permanentes batallas de pines: los soberanistas reclaman su derecho a decidir, la ultraderecha no quiere que sus hijos se eduquen en la igualdad, la ultraizquierda se apropia de los movimientos de emancipación. Los políticos exhiben su dogmatismo convencidos de estar en posesión de la verdad.

Parte de esta obscena ostentación son los pin. Los dos al uso; las insignias en las solapas y las contraseñas. Están los lazos amarillos con los que los separatistas pretenden blanquear a los insurrectos que promovieron la independencia de Cataluña. Ahí también hay códigos: los posconvergentes llevan lazos grandes, mientras los de Esquerra son pequeños. Pequeños eran también los triángulos rojos que portaban los ministros Iglesias y Garzón en su promesa del cargo. Es un pin antifascista. La profesión de fe queda clara, pero no es tan evidente la definición. En la España de hoy se califica de fascista a todo bicho viviente. En Cataluña, Ciudadanos se lo atribuye a los soberanistas y los independentistas les devuelven el piropo.

Por lo general los pin son excluyentes, tratan de dejar en evidencia a alguien. El PP andaluz en su obsesión por asolar al socialismo regional se ha puesto un lazo verde y blanco en la solapa, para acusar al PSOE de agredir a Andalucía: un pujolismo que ya practicó Susana Díaz. Pero también hay pines integradores aunque sean minoría: por ejemplo el de la Agenda 2030, un círculo de 17 colores que representa el programa de Naciones Unidas con los desafíos para mejorar el mundo.

El pin parental no es de solapa, sino de código. Contra él, la ministra de Igualdad Irene Montero ha dicho que los hijos de parejas homófobas tienen el mismo derecho que los demás a ser educados en la igualdad. Ha añadido que tienen derecho a ser educados en el feminismo, afirmación que topa con otro dogmatismo. Una de las perlas recientes de Carmen Calvo es que el feminismo es de la genealogía progresista y feminista. Exceso verbal respondido con reacción contraria.

En Andalucía el presidente de la Junta ha defendido este tipo de vetos en nombre de la libertad. No es nueva esa posición del PP, que abolió la asignatura de Educación para la Ciudadanía porque incomodaba a la Iglesia del cardenal Rouco. Pero la libertad esgrimida por el presidente se juega en otra parte. Fernando Savater lo explicaba en un artículo de 2018: "Creo que uno de los objetivos de la educación es que los niños conozcan las alternativas que existen a los prejuicios de sus padres. En democracia, las leyes liberan y las tradiciones y costumbres esclavizan". Con menos dogmas se educarían mejor nuestros hijos.

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