Es complicado valorar una figura como la Reina Isabel sin meter la pata, para evitarlo vamos a aplicar un método que nos enseñó a algunos afortunados el gran Elías Zamora en sus clases de Antropología en los locos y sevillanos años noventa. Decía el profesor que una cosa es lo que se dice, otra cosa es lo que se dice que se debe hacer, y otra es lo que se hace, y que el análisis de comunidades -e individuos, añado- bajo este triple prisma es siempre esclarecedor. Observemos a la reina poniendo el foco en tres momentos de su larga trayectoria. Uno. En el diario de sesiones de nuestro Congreso -1988, nº188- Isabel II nos dice: "en esta primera visita de un monarca británico a su país, me parece correcto y oportuno empezar rindiendo un caluroso homenaje al pueblo español por la democracia que ha sabido labrarse durante la última década. El Parlamento democrático que tengo ante mí, y el modo en que se ha logrado, serán considerados como una de las páginas más brillantes de la larga y orgullosa historia de esta Nación". Se dirige a nuestro Parlamento como si se dirigiera al suyo, y como monarca centrípeta que ha sido, valora por encima de todo el sentido de pertenencia, de unión, en el vector democracia-orgullo-nación.

Dos. En su vigésimo primer cumpleaños, el 21 de abril de 1947, la princesa Isabel radió un discurso desde Ciudad del Cabo en el que expresa lo que se debe hacer: "podremos hacer de esta antigua comunidad […]una cosa aún más grandiosa, más libre, más próspera, más feliz […]de lo que ha sido en los mejores días[…].

Para lograr eso, debemos dar nada menos que la totalidad de nosotros mismos. Hay un lema que ha sido llevado por muchos de mis antepasados un lema noble: Yo sirvo". Lema que aparece, Ich dien, en alemán arcaico, en el escudo del Príncipe de Gales, compartido con los Scouts, íntimamente ligado al lema rotario "Se beneficia más quién mejor sirve" y entroncado con el Fabianismo sobre cuyo pragmatismo indubitadamente se construyó la Europa que hoy decae, o no.

Tres. 52 horas entre su último servicio, la recepción de la nueva primera ministra, a las 12:30 del día seis, y el anuncio de su muerte, a las 18:30 del día ocho.

Busque otros momentos en los tres planos, compare los tres planos y llegará a la misma conclusión: Su Graciosa Majestad sobre todo era auténtica. Como una libra esterlina de plata: 92,5% de plata y 7,5% de otras cosas. Si encuentra algo mejor, cómprelo.

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