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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

¡Que gestionen ellos!

Lo que evidencia la surrealista exigencia del Gobierno de Andalucía es su falta de iniciativa y pulso

La exigencia de la Junta de que el toro del impuesto de Sucesiones vuelva al corral de Montoro ha provocado en muchos ciudadanos sentimientos que van desde el bochorno a la carcajada, pasando por la estupefacción. El muy autonomista PSOE, el que se llena la boca con buñuelos como federalismo o andalucismo, propone ahora toda una involución en la construcción del Estado de las autonomías. Lo grave es que no lo hace por convicción ideológica -lo cual sería muy comprensible-, sino por mero oportunismo, por su incapacidad de gestionar con coherencia y sin complejos un impuesto que está recibiendo una contestación contundente por parte de la sociedad andaluza. ¡Qué inventen ellos! Gritó en su día con rabia antieuropea y anticientífica don Miguel de Unamuno. ¡Qué gestionen ellos! Dice ahora nuestro Ejecutivo con manifiesta impotencia.

No entraremos ahora en el debate sobre si el tributo en cuestión es justo o no. Lo que nos preocupa, lo que evidencia la surrealista reivindicación de la Junta es que el actual Gobierno andaluz ha perdido completamente el pulso y la iniciativa política; está sin ideas y sin proyecto, incapaz de transmitir nada a los ciudadanos más allá de una pretendida Ley de la Memoria "Democrática" (un giño a su ala más radical que, por ahora, le sale gratis) y de boutades como la del impuesto de Sucesiones. Si, como dijo en los albores del XVI Francesco Guicciardini, a nuestra tierra sólo se le saca "fruto conveniente cuando se encuentran gobernantes que la sepan regir" (la cita se la robamos a don Américo Castro), la huerta andaluza, hoy por hoy, es un aguafuerte de frutales pelados y malas hierbas resecas.

Cuestiones como el conflicto de la sanidad, los amagos frente a la educación concertada o, ahora, esta rabieta con el impuesto de Sucesiones nos demuestran hasta qué punto el Ejecutivo andaluz ha dejado de mandar en la agenda política para trotar con ahogos tras el pelotón de los acontecimientos. No merecíamos los andaluces esa declaración de impotencia que nos retrata como niños ineptos, como amantes caprichosos -ahora sí, ahora no-. Si de eludir problemas se trata, podríamos devolver a Madrid también la gestión de los hospitales, las escuelas, los museos. Lo mismo salíamos ganando. Que gestionen ellos y que nos ingresen, anualmente, las rentas de los tributos, como esos absentistas andaluces, vagos y rentistas, que tanta fortuna tuvieron en la literatura social y política del pasado siglo.

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