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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Los garbanzos de Fraga y el jamón de Sánchez

En tiempos de oír y olvidar la capacidad de Sánchez para contradecirse con naturalidad es muy conveniente

No es cuestión de atizarle a Sánchez con lo del jamón como Fraga atizaba a la oposición con el precio de los garbanzos. Ni de llegar tan lejos como The Guardian, que ha titulado Spanish prime minister ridiculed for mixim up his hams (dicen algunos digitales que también le ha llamado pig ignorant pero es John Le Carré quien llama así al premier Johnson). Lo peor de Sánchez no es que no sepa distinguir un jamón de otro, sino que tampoco sepa distinguir lo que ha dicho de lo que dice y lo que dirá. Tiene la coherencia peor que las papilas gustativas. No se trata de coherencia en su sentido estricto de actitud consecuente con los principios que se profesan, porque en esto sí que cumple: es de una absoluta fidelidad a su más importante principio, que no es otro que él mismo. En esto no hay quien le gane. Donde le falla la coherencia es en sus discursos. En nuestra historia democrática ha habido peores y mejores políticos. Pero ninguno con la asombrosa capacidad de Sánchez para decir una cosa y su contrario. Y con una inocencia y convicción dignas de un amnésico. Es como ni nunca hubiera dicho lo que después desmiente.

En estos tiempos tan de oír/usar y tirar/olvidar resulta que esta capacidad para desmentirse y contradecirse con tanta naturalidad y convicción es de lo más conveniente. Porque se dirige a un público que tampoco recuerda hoy que dijo ayer ni mañana lo que ha dicho hoy. Y a quien se lo recuerda le llaman reaccionario y propagandista del PP, porque nada disgusta más a quien sueña que le despierten y a quien vive feliz en el instante que le recuerden que hubo un antes y habrá un después. Las hemerotecas y videotecas, por lo visto, forman parte de esa legión reaccionaria que la tiene tomada con Sánchez.

Ese público apreciará que, de poder, forme gobierno con Iglesias -y quien sabe si con Errejón- como si nunca hubiera dicho que no habría podido dormir tranquilo con ministros de Podemos en el Gobierno tras haberle ofrecido una vicepresidencia y tres ministerios. O que, en curiosa coincidencia con la convocatoria electoral, desbloquee los fondos para las autonomías porque "es importante que tengan el dinero que les corresponde", tras haberse insistido una y otra vez en que no se podía hacer hasta que no se formase un nuevo ejecutivo. ¿Le pasarán estas cosas factura? No. Un antiguo refrán afirmaba que quien con arte jura, con arte se perjura.

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