Miki&duartereloj de sol

Joaquín Pérez Azaústre

El éxito de Bardem

EL éxito de Bardem ha sido saber esperar. Bigas Luna, que ya ejerció en su día de Celestina en este idilio netamente español, ha dicho que entonces descubrió que allí había una historia de amor interrumpida, con lo que tiene de drama y de trampeo fugaz con el futuro interrumpir una historia de amor. Allí estaba Bardem, en Jamón, jamón, matando a jamonazos a un Jordi Mollá que todavía no se ha recuperado de la paliza ibérica, tirándose a Penélope, con sus pechos con sabor a tortilla de patatas, como se dijo entonces, a la madre de Penélope y a todo lo que se pusiera en el guión por delante.

Bardem, entonces, todavía no había dejado el equipo de rugby. Se veía en él, al contrario que ahora, una brutalidad muy instintiva, un instinto voraz, precoz, pletórico de aristas sin pulir, de actor de Actors Studio que todavía no había pasado por el Actors Studio. Javier Bardem reconoce que no es un actor de método, pero ahora ya sabemos que su verdadero método ha sido saber esperar, que es un método gallego muy en el fondo, y es un método también de escritor.

En literatura, ya se sabe, quien resiste gana, como en la vida. Lo que pasa es que, al final, por mucho que se gane o se triunfe, uno nunca sabe, exactamente, qué se está ganando de verdad.

En el caso de Bardem, lo tiene claro, porque lo que ha ganado no ha sido solamente Penélope Cruz, sino la versión mejor de Penélope que nunca haya sido posible imaginar: esta Penélope de hoy, que viste con sus labios penetrantes las fachadas de los edificios de Madrid, que paraliza el tráfico y la vista, esta Penélope italianizante, esta Penélope ebria de fronteras, de una sobriedad que sobrecoge, que hasta ha domado su voz, antes aguda, y la ha teñido con tintes más cobrizos; esta Penélope exacta, de belleza completa y sideral, que además resplandece en fotogenia y en virtuosismo erótico, ha sido el gran premio de Bardem.

A Javier Bardem le han dado ahora el Globo de Oro como Mejor Actor Secundario y puede que le den también el Oscar, pero esto es algo que a Bardem le importa poco o casi nada, porque él sabe mejor que nadie que el premio ya le espera en casa. Esta es una historia de amor para el futuro, en la que Bigas Luna fue un Trotaconventos moderno o posmoderno en este nuevo Libro del buen amor hispánico: a falta de un buen himno nacional, tenemos la mejor pareja de erotismo iconográfico. Si fuéramos patriotas de verdad, tendríamos mucha envidia de Bardem.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios