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Mensaje en la botella

El espectáculo debe continuar

Algunos parece que están dispuestos a tirar a la basura todo el sacrificio colectivo

Vaya semana que dejamos atrás. No es que sea de esas para olvidar, pero sí, cuando menos, para reflexionar y tomar nota, ya que alguna vez, cuando se vuelva a la anormalidad o a la nueva normalidad, los ciudadanos tendremos que pedir cuentas. Es cierto que en el último mes hemos visto cosas que no nos han gustado, que no venían a cuento, como alguna subida de tono en el Congreso o las patochadas de Vox con sus caravanas y movilizaciones con las que muestran sus desprecio al trabajo de los profesionales públicos que durante meses están luchando para combatir el coronavirus.

No obstante, en estos siete días que hoy acaban se ha superado el listón y hemos vivido unas jornadas en la Cámara Baja en las que algunos políticos han ofrecido su peor imagen y han mostrado una falta de respeto total no solo a lo que demanda la mayoría de la sociedad, sino al sacrificio que está haciendo. No por mucho repetirlo la situación es menos grave y reitero que tenemos unos gobernantes y una clase política que no nos merecemos, pese a que se diga que ellos son también el reflejo del pueblo. El Ejecutivo sigue perdido, sin saber a dónde va ni qué tiene que hacer, dividido en facciones y con personajes tan siniestros como el vicepresidente Iglesias. La oposición no sabe, no contesta, solo parece alegrarse del mal ajeno porque eso le puede beneficiar, carece de liderazgo y también tiene personajes tan funestos como la portavoz Álvarez de Toledo. Hasta la propia presidenta del Congreso, Meritxell Batet, ha admitido que le preocupa el actual nivel de tensión y enfrentamiento entre los grupos. No lo ha dicho claramente, pero al igual que a muchos españoles, supongo que le da vergüenza ver estas situaciones un día sí y otro también.

Y luego estamos nosotros, los ciudadanos, o mejor dicho, una parte muy pequeña que parece que está dispuesta a echar a la basura todo el sacrificio colectivo de los últimos meses. Lo hemos visto en Lleida, Badajoz, Ceuta y también en Córdoba, donde 27 personas han quedado en cuarentena después de acudir -según dicen- a una fiesta y que uno de ellos diera positivo por covid-19. El afectado es miembro de la casa real belga, que viajó desde Bruselas hasta Madrid y desde allí en AVE a Córdoba. Nada más y nada menos. Pues que alguien nos cuente ahora cuánto vale rastrear los movimientos de este sujeto en los últimos 14 días para determinar si ha podido contagiar a más personas. Lamentable y, como ya han avisado desde instituciones como el Ayuntamiento o la Subdelegación, que la sanción para todos ellos sea lo más ejemplar posible.

Y en esas estamos, rodeados por demasiados insensatos mientras que la mayoría intentamos cumplir con nuestras obligaciones ciudadanas. Pero parece que nada de eso importa, que el espectáculo debe continuar caiga quien caiga. Igual los espectadores, alguna vez, toman nota de lo ocurrido. Ojalá.

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