La vida vista

Félix Ruiz / Cardador /

El doble fusilamiento

UN disparate. De tal forma calificó ayer la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, el censo de nombres con presencia en el callejero de la capital elaborado por la Complutense y a los que se vincula con el franquismo. El listado se filtró ayer y por él, junto a algunos militares, aparecen nombres como el de Salvador Dalí, el de Manolete, el de Agustín de Foxá, el de Josep Pla o el de Eugenio D'Ors, gentes que, más allá de su ideología, dejaron un legado artístico difícilmente cuestionable. Lo de Manolete, además, clama al cielo porque demuestra que los presuntos historiadores que han elaborado el informe se han dejado llevar por la leyenda y no han tenido en cuenta la bibliografía reciente. Fernando González Viñas, biógrafo del torero, de eso se quejaba ayer, pues en su magnífico libro sobre el diestro -Manolete. Biografía de un sinvivir- se testimonia el trato afectuoso que el de Santa Marina mantenía con el exilio republicano cada vez que toreaba en México. González Viñas no es sospechoso de filia franquista, por lo que queda claro que el tribunal inquisidor ni siquiera se ha preocupado por leer un texto que elimina tópicos malsanos y evidencia que Manolete fue un personaje universal sin matices. Duele, ya digo, ver ahí al torero, pero más aún horroriza que en la nómina aparezca el dramaturgo gaditano Pedro Muñoz Seca, favorito del público en su tiempo, gran maestro de la astracanada y fusilado en Paracuellos por los republicanos en noviembre del 36. El autor de La venganza de Don Mendo había sido detenido por los anarquistas en Barcelona al comienzo del golpe, así que difícilmente se puede considerar franquista a alguien que murió antes de que naciese el franquismo. Su único 'delito' fueron sus ideas monárquicas y católicas y su ácido humor contra la II República, del mismo modo que el único delito del gran García Lorca fue amar a esa misma II República. Se agradece por tanto que la señora Carmena salga rápido al quite y mande a la papelera un listado bochornoso. Porque se corre el riesgo de hacer con don Pedro lo mismo que se hizo con miles de republicanos: fusilarlo dos veces. O sea, segarle la vida y también aniquilar su recuerdo. Y es que algunos parece que se olvidan de que el objetivo principal de la Memoria Histórica debería ser recuperar a los olvidados y restaurarle en lo posible su dignidad y no enlodar sin fundamento. Los tiempos de la Inquisición pasaron, pero algunos hay que se empeñan en rescatarla.

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