Es arrogante, es altiva, más allá de los títulos nobiliarios defiende radicalmente la aristocracia como única forma de defensa de la democracia, algo absolutamente insolente y de fácil etiquetado para los habituales señaladores. Si para conseguir un cuerpo para ir a la playa hace falta un cuerpo y una playa, para conseguir una sociedad de individuos libres e iguales lo primero que se necesita son individuos, no colectivos, el sujeto de la libertad es el individuo y la igualdad, siendo una quimera, sólo puede establecerse por comparación de individuos que son por definición diferentes y que sólo pueden ser iguales en tanto a lo que haya en su fondo insobornable, es decir la esfera de lo íntimo de San Agustín, el yo mismo barojiano, esa idea de que todos tenemos dentro el muñón de un héroe del que nos aleja la inercia y al que nos acerca la autenticidad.

Es la conciencia y la búsqueda de ese yo intimísimo sobre el que caen todas las capas de juicios y convencionalismos, la querencia, pero también el esfuerzo la que iguala y desiguala individuos entre los que tienden a desarrollar el héroe y los que no, y de ahí el concepto aristoi que defiende esta señora -agrupar a los mejores- frente a la evidente centrifugación del talento que se produce en los partidos políticos por sistema. Se podrá decir que es un planteamiento elitista, porque lo es, pero también es, a mi modo de ver, bastante más abierto a la mayoría social que el catenaccio impuesto por los secuestradores de la soberanía en que se han convertido las organizaciones políticas. Discutible sin duda y contradictorio, como la vida misma.

Sacar a flote las contradicciones es una de las mejores cosas que pueden pasar en el debate público y si además son de esas cuya realidad se oculta por consenso mucho mejor, porque el consenso lo carga el diablo y del consenso al totalitarismo hay paso y medio, y más si de lo que se trata es de nombrar jueces, y de ahí lo del disputado voto. Esta señora que se llama liberal y lo parece ha hecho un movimiento en varios tiempos que habría que agradecer independientemente de las ideas políticas de cada cual, exceptuando, claro está, al colectivo ergonómico que abreva en los pesebres habituales, cuya única ideología parece ser alcanzarse holgadamente con la cuchara en la boca con el mínimo esfuerzo y que les sobre para la vida padre. Ha roto la disciplina de voto de los 240 indeseables, lo ha contado en una entrevista, ha publicado la carta de apertura de expediente que le manda el mariscal de campo y además promete alegaciones. Ole.

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