En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

Un día para nunca olvidar

De vez en cuando el mundo se para, se detiene a punto de colapsar como si fuera el prólogo de un apocalipsis personal -si los hechos te afectan solo a ti- o colectivo -si los hechos afectan a la sociedad a la que perteneces-. Por desgracia, a lo largo de nuestra existencia el mundo se nos para personal y colectivamente muchas, muchas veces, muchísimas más veces de las que quisiéramos, como está volviendo a ocurrir cuando otra vez me subo -el 11 de marzo de 2020- al tejado de esta columna de opinión desde el que me esfuerzo en ver la vida de otra manera. Un 11 de marzo en el que el mundo sufre impotente una especie de particular The walking dead amenazado por un virus con cara de zombi, aún desconocido, que nació cual Drácula con ojos achinados y que inmisericorde está sembrando el pánico extendiéndose por todo el globo terráqueo en un viaje mortal en el que parece que aún le quedan muchos capítulos por escribir mientras regatea a todas las autoridades sanitarias habidas y por haber. Un 11 de marzo -o 11-M- como aquel otro de hace 16 años en el que también se paró el mundo cuando cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid volaron por los aires víctimas de otro virus, el virus yihadista, un virus cuyo odio letal alimentaron las políticas bélicas o los juegos de guerra de niños chicos de un entonces presidente del Gobierno de cuyo nombre y apellido les invito a que quieran o no quieran acordarse, y que solía utilizar también en ese caso la popular coletilla "España va bien", cuando acabó de pena.

Han pasado casi dos décadas ya de aquellos atentados que dejaron casi 200 personas muertas y casi 1.900 heridas, casi dos décadas de un día que no olvido, que quienes lo vivimos -en mi caso en el ejercicio de mi profesión periodística- no podemos olvidar, un día que los españoles -lo digo desterrando patriotismos- deberíamos tener siempre presente por lo que supuso en todos los sentidos, al igual que los norteamericanos tienen presente aquel 11 de septiembre de 2001 en el que 19 miembros de la red Al-Qaeda secuestraron aviones comerciales para impactarlos contra diversos objetivos, como fue el caso de las Torres Gemelas, causando la muerte de alrededor de casi 3.000 personas y dejando a otras 6.000 heridas. Ellos también pagaron las políticas bélicas de un mandatario -pseudojefecillo en este caso del entonces mandatario español que besaba por donde pisaba- que, como le ha pasado a otros muchos a lo largo de la historia de la humanidad, se creía el dueño del mundo, tan dueño que él mismo, como si de otro virus maligno se tratara, decidía cuando pararlo. Un mundo que se paró cuando Juan Muñoz Lara, un cordobés de Guadalcázar que tenía sólo 27 años, viajaba por esas casualidades de la vida junto a su novia en uno de esos cercanías. Su entierro fue uno de los que esos días cubrí. No os olvidamos a ninguno. Hoy volvemos a homenajearos. NUNCA MÁS.

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