Sin sorpresas y conforme a lo esperado, habrá elecciones en Andalucía antes de que termine el año. Quien debería convocar elecciones no lo hace y quien no tiene motivo alguno para ello llama a las urnas. El PSOE nacional -mejor llamémosle estatal, que satisfará a sus privilegiados socios a quienes las palabras España o nación molesta y les place la vergonzante expresión Estado español- y el PSOE andaluz no defraudan cuando de obtener o mantener el poder se trata: pactan con quien sea, retuercen el argumento a su capricho e interés y donde era digo pasa a ser Diego.

Hay innumerables razones para una convocatoria electoral en España. Cada uno de ellos más poderoso que el anterior. Es evidente el colapso y la clamorosa descomposición del "gobierno bonito" diseñado por el asesor del presidente del gobierno y su precariedad parlamentaria. Son más que insistentes los síntomas de ralentización de la economía, que podrían no ser más que un aviso o una anécdota si no fuesen acompañados del desplome en la confianza que despierta este ejecutivo. Resulta intolerable el compadreo, el silencio y la constante sensación de componenda con los golpistas catalanes.

Y, en fin, su pacto con Podemos para presentar unos Presupuestos Generales del Estado tramposos y muy peligrosos para la estabilidad económica constituyen la guinda de una situación que no tiene más explicación que la obstinación del presidente del gobierno en prolongar su estancia en la Moncloa: la preocupación exhibida estos días por la irrupción de una presunta extrema derecha no parece extenderse al hecho de que la auténtica, legítima e indisimulada extrema izquierda, las que considera la revolución chavista un ejemplo, obtenga en España parcelas de poder, condicione la gestión gubernamental y se exhiba al mundo como socio principal del partido gobernante. Es legal, claro, pero ¿es legítimo pactar con fuerzas políticas como Podemos?

Hay pocas razones para la convocatoria en Andalucía, más allá del interés exclusivo de la presidenta de alejar estas elecciones de unas de ámbito nacional (la treta les salió bien en 2011). El PSOE, una vez más, piensa en sí mismo antes que en los ciudadanos, pero las elecciones anticipadas las carga el diablo: es casi seguro que, pese a las francachelas y los puticlubs con cargo al presupuesto, volverán a ser los más votados, pero es muy posible que haya más diputados del PP y de Ciudadanos que del PSOE. Si eso ocurre, ¿habrá unas segundas elecciones, se echará en brazos de Podemos o estos la dejarán caer a plomo ? El cambio, veremos hacia donde, puede estar más cerca de lo previsto.

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