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Estado de derecho

Desde hace un tiempo hay unas fuerzas subterráneas que están intentando acabar sibilinamente con el Estado de Derecho

Esta misma semana, con unos amigos, mientras tomábamos una cerveza, acabamos brindando por el Estado de Derecho. Y lo hicimos con la sensación de estar brindando por algo muy frágil y que cada vez está más amenazado en una sociedad como la nuestra. Sí, puede parecer exagerado, pero desde hace un tiempo hay unas fuerzas subterráneas que están intentando acabar sibilinamente con el Estado de Derecho. Sin que se note mucho, por supuesto. Y de una forma que parezca que está haciendo justamente lo contrario -protegiéndolo, o ensanchando su base, o extendiendo derechos para proteger a los más débiles, o incluso blindándolo-, aunque el propósito final sea un control absoluto del Estado por parte del Gran Líder. Eso es lo que está haciendo la extrema derecha en el Este de Europa (o Trump y Bolsonaro en América). Y eso es lo que parecen anunciar algunas medidas del Gbierno de Pedro Sánchez cuando anuncia una "desjudicialización" de la política o cuando ni siquiera se molesta en fingir respeto a la separación de poderes, al demostrar que pretende controlar de forma directa el Poder Judicial sin ninguna clase de ataduras (y ya le vimos, hace poco, en el Congreso, haciéndole un gesto imperioso a la presidenta de las Cortes para que acatara sus órdenes, un gesto que traduce una visión puramente despótica de la política).

Los teóricos llaman "iliberalismo" a esta nueva fórmula política que supone un control casi absoluto del aparato del Estado por parte de quien detenta el poder. Por supuesto que todos los gobiernos aspiran a controlar al máximo los resortes del Estado, pero ahora esa aspiración ya no parece ocultarse ni ejercerse de forma más o menos furtiva. Al contrario, se hace una ostentación de ese ejercicio arbitrario del poder con aires inequívocamente cesaristas. "Aquí mando yo, así que el Estado -policía, jueces, profesores, funcionarios, partidos políticos- tiene que estar a mi servicio". Y se dice sin disimulo, con altanería, en un tono entre amenazador y arrogante y desinhibido. Para que no queden dudas. Y para que todo el mundo esté avisado.

De modo que es un buen momento para reunirse con los amigos que todavía creen en la separación de poderes, en la independencia judicial, en la libertad de expresión y en la crítica al poder. Y brindar, ahora que aún podemos, por el Estado de Derecho.

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