La esquina

El debate nuclear

LA decisión de Zapatero de aplazar el cierre de la central nuclear de Garoña hasta la próxima legislatura (si gana las elecciones de 2012) ha tenido la extraña virtud de no gustarle más que a Zapatero. Ha molestado a quienes apostaban por el cierre al cumplirse los cuarenta años de vida útil, como prometió el Gobierno en su programa electoral, y a quienes piensan que podría seguir funcionando diez años más si se hacen inversiones en materia de seguridad. Entre estos últimos figura el propio Consejo de Seguridad Nuclear, cuyo dictamen favorable a la continuidad no era vinculante para el Gobierno.

La medida de Zapatero puede ser mala o buena, según a qué obedezca. Si obedece al acrisolado tacticismo de un Zapatero incapaz de decirle no a nadie, aspirante a contentar a la vez a los ecologistas y a los habitantes de la comarca en la que se encuentra Garoña y los trabajadores de la central (con el resultado de haber descontentado a ambas partes) y adicto a postergar los asuntos espinosos a la espera, siempre optimista, de que el tiempo los vaya solucionando, la salida es mala, tal vez la peor posible.

En cambio, si responde a un sincero deseo de acometer por fin, en este periodo digamos de gracia, el debate imprescindible sobre la política energética de este país, bienvenida sea la medio prórroga. Es más, hay que procurar y exigir que, sea cual sea la voluntad de Zapatero, el interregno se aproveche para plantear el debate. Afecta a una de esas pocas cuestiones estratégico-nacionales sobre las que se debe discutir abiertamente, plantear argumentos antes que prejuicios y, al final, decidir lo que mejor cuadre al interés nacional.

En el debate han de manejarse todos los factores que concurren: la seguridad de las nucleares y el problema de la eliminación de los residuos, la nefasta dependencia del petróleo como fuente de energía, la contaminación que generan otras fuentes, la alternativa de las energías renovables, sus elevados costes, la política de subvenciones, las opiniones de los científicos sobre unas y otras. No es un asunto que pueda tener respuestas simples, aunque éstas resulten las más socorridas para las mentes perezosas y para los políticos con prisa. Tampoco podemos secundar sin más lo que han decidido los países de nuestro entorno, porque en el entorno hay de todo.

En fin, conjurémonos para obligar a todas las fuerzas políticas a impulsar el debate nuclear y concluirlo a plazo fijo: antes de las elecciones generales de 2012. Nos importa a todos, y particularmente a los que no tenemos nada claro si el aprovechamiento del sol, el viento, el carbón y las aguas es más seguro, eficiente, limpio, cómodo y barato que los impactantes reactores nucleares.

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