En Córdoba estamos obligados desde hoy a cumplir una serie de recomendaciones y obligaciones para tratar de parar la segunda ola del covid. Me refiero a la capital, que es la que se ve afectada por estas medidas junto a las ciudades de Sevilla y Jaén, entre otras. La razón es bien sencilla, estamos en cifras de contagios muy peligrosas y no hay más remedio que asumir esta nueva serie de limitaciones que, como siempre, tendrá partidarios y detractores, pero que son por el momento la única vía posible.

Llegados a este punto, las preguntas se superponen unas a otras y todas en el mismo sentido: ¿qué ha pasado? ¿quién o quiénes son los responsables? ¿por qué hemos llegado hasta aquí? No nos engañemos. La segunda ola está azotando de manera muy dura a Córdoba por nuestra culpa. Los ciudadanos somos los causantes. Hemos incumplido en muchos casos, no hemos estado a la altura y las consecuencias están siendo nefastas. Para que no haya dudas sobre el plural de las afirmaciones de un servidor, digo alto y claro que yo me he equivocado, que soy tan corresponsable como el resto de cordobeses, ya sea por acción o por omisión.

Pero me surge otra cuestión. ¿Somos los ciudadanos los únicos culpables? Obviamente, no. Nuestra conducta está condicionada por las decisiones que libremente tomamos, pero también por las que adoptan otros, en este caso, quienes nos gobiernan. Ellos tampoco han acertado y ahora toca reconducir la situación para tratar de volver a doblegar esa curva que tanto daño nos está haciendo. Es curioso, pero de los mensajes institucionales que hemos escuchado desde el pasado viernes, todos tienen cierto paralelismo, independientemente del color político de quien los pronuncie. Es decir, lo dicho por el alcalde de Córdoba, José María Bellido, bien lo podría haber pronunciado Pedro Sánchez o Juanma Moreno, y viceversa. Lo que sí me sorprende es que ninguno de ellos haya tenido la valentía de asumir sus propios errores, cosa habitual en esto de la política, y que ni tan siquiera hayan hecho mención a que los ciudadanos somos tan responsables de lo que está ocurriendo como ellos. Sánchez, Moreno o Bellido deberían habernos reñido a todos sin paños calientes, porque entre otras cosas, nos hemos ganado a pulso ese reproche.

Está muy bien eso de apelar -otra vez- al patriotismo, al lenguaje bélico, a la unión entre todos para salir adelante, pero necesitamos algo más. Cualquier recriminación a los ciudadanos que venga de ellos -de los tres-, me parecería justa y necesaria. Igual que nosotros también tenemos el derecho a pensar que el Gobierno no ha hecho todo lo que tenía que hacer, que la Junta se ha puesto de perfil hasta que no ha tenido más remedio que actuar o que el Ayuntamiento de Córdoba ha proyectado determinados acontecimientos sociales -como Los Patios o consintiendo corridas de toros en connivencia con el Gobierno andaluz- de manera irresponsable, cuando -a la vista está- han creado más problemas que soluciones a la ciudad. Hoy entramos en un nueva fase de restricciones que ojalá funcionen, y pronto. Otra cosa es que hayamos aprendido la lección. Ellos y nosotros. Me temo que no.

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