Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Más dos cremas

Hay un Madrid que es un contubernio, una comunión mafiosa de políticos, periodistas y empresarios

Aquello que comenzó con el tamayazo, con una obscena compra de votos, tenía que terminar así. Hay un Madrid-Madrid que es un contubernio de políticos, empresarios y periodistas, una comunión mafiosa de intereses que impidió la investidura de un presidente socialista en 2003 y se dedicó, después, a vivir sobre la miel de la expansión urbanística y el dinero barato. Son excesivos, horteras, faltones y maleducados sin distinción de género: Esperanza Aguirre, ariete del frente mediático contra Rajoy durante años, y los inefables Ignacio González y Francisco Granados. Cristina Cifuentes, que creció en este lodo, cayó camino de Damasco y, una vez conseguida la cúspide del poder, quiso blanquear el partido, esculpió el lema de la tolerancia cero de la corrupción y puso rumbo a la Moncloa. Pero Cifuentes tenía demasiados tachaduras en su currículum vitae: la mangancia de cremas, por ejemplo, el vídeo que Ignacio González iba enseñando por ese Madrid nauseabundo desde hacía años (quien fuese jefe de seguridad en ese Eroski terminó trabajando para él).

Cifuentes no era el mirlo blanco del PP madrileño, procedía de esas alcantarillas y cuando reventó el falseamiento del currículum se defendió con la soltura de quien sabía que sus enemigos verdaderos no eran los buenos periodistas ni Gabilondo ni Ciudadanos, sino algunos de los suyos. Y fueron éstos quienes, al final, tuvieron que sacar la artillería pesada: el robo de las cremitas, un vídeo de hace siete años, la cabeza cortada del caballo entre las sábanas. A la familia, Cristina, no se le hace estas cosas.

El PP de Madrid, los periodistas de este sindicato del crimen -los del caballo- y los empresarios de mano larga a los que les encanta el soborno son el mal, ni es posible la redención ni la regeneración desde dentro, el partido de Madrid está para que le monten una gestora. Las cremas no son una anécdota, como tampoco lo es el currículum manipulado ni el falseamiento de las firmas. Ni su soltura en la mentira -"fue un error involuntario", exclamó en su último día-. Como González, Figar, Lamela y Granados no son ranas solitarias en una charca cristalina. Es el ADN de una pocilga que comenzó a ventear como el tamayazo.

Por eso Ciudadanos lo tiene aún más difícil. ¿Otro? ¿Otro de este mismo PP madrileño aunque sea sólo para nueve meses? Hay preocupación entre los naranjas, porque no encuentran a nadie blanco en el grupo parlamentario. Negro.

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