La vida vista

Otra cosa

Javier Fernández representa al otro socialismo, el socialismo serio de los viejos tiempos y las buenas gentes

El último barómetro del CIS apunta a un leve repunte del PSOE, que recorta unos milímetros la distancia con el PP y también con Podemos, estancados estos últimos en esa bronca suya entre errejonistas y pablistas, que en Vistalegre II acabará con uno saludando al tendido y con el otro camino del desolladero mediático. Algunos analistas, visto esto, concluyen no sin razón que la salida del aideológico Pedro Sánchez ha supuesto un relanzamiento para los atribulados socialistas, e incluso hay quien va más allá y sostiene que el PSOE ha crecido en ausencia de liderazgo, con esa libertad pelín anárquica y caprichosa con la que crecen los espárragos o los jaramagos. Casi nadie repara sin embargo en el papel de la gestora ni en el de su presidente, un Javier Fernández que, en los momentos más oscuros del PSOE en décadas, ha conseguido estabilizar la situación y transmitir calma en momentos que bajo otra batuta se podían haber convertido en el camarote de los hermanos Marx con unos cantando la conga mientras otros tocan el tamboril. Fernández, en realidad, ha rescatado en unos meses la imagen del socialista carismático y formado, con un claro sentido de lo español, mesurado, transparente al menos en apariencia, buen orador, pragmático y juicioso, perfil que quedó sepultado entre las sombras del futil zapaterato, del ajedrecismo rubalcabiano y del sanchismo delirante y licuado. Digo en fin que para los intereses socialistas sería mucho mejor quedarse con Fernández como secretario general que tener que optar, si finalmente acontece, por alguno de los tres miembros de la triada de aspirantes que se manejan. Porque Javier Fernández representa al otro socialismo, el socialismo serio de los viejos tiempos y las buenas gentes, el de los obreros y los intelectuales de izquierdas, que quedó sepultado entre los desmanes del último felipismo y las tristezas y las sucesivas dictaduras de lo mediocre que luego vinieron. Gane pues el que gane bien haría en tener como referente a uno de los pocos socialistas que han salido triunfantes y con decoro en un tiempo en el que todos han ido saliendo derrotados y con la imagen pública hecha jirones. La integridad es la integridad.

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