Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Un casquete en la geoda

Los amantes de Pulpí simbolizan los tiempos: no sin mi 'selfie' aun a riesgo de perder la libertad unos años

Al darle nombre y fecha a ese artículo para archivarlo, me percato de mañana hace 41 años de aquel otro 23-F, el del asalto del Congreso por parte de Tejero y un nutrido grupo de guardias civiles. Aparte de la subvertir el orden democrático apenas establecido, aquellos hechos orquestados dentro un intento de golpe de Estado se dirigían a hacer ver por televisión a propios y extraños lo que estaba sucediendo: "Esto va muy en serio". Este recuerdo en blanco y negro -pero para alucinar en colores- es casual, porque la intención de esta pieza es comentar otro asalto: el de una pareja de amantes a la geoda de Pulpí. Dos amantes del sexo y parece ser que de la espeleología decidieron dar el golpe, el suyo privado, deslizándose hasta la extraordinaria formación geológica la pasada Nochevieja. Han sido identificados y detenidos, y por tal profanación y los daños causados les pueden caer 4 años. Encerrados en otro sitio recóndito y menos alucinante, el talego. Y cada uno por su lado, encima.

No se trata, que se sepa, de dos émulos de aquel matrimonio italiano de Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo interpretado por Woody Allen y Louis Lasser, quien, por cierto, fue esposa del neoyorquino. Recuerden: la anorgasmia de ella sólo se palía si la pareja se da al fornicio en sitios prohibidos o en los que corrían riesgo de ser descubierta. No sabemos si era éste el móvil de los amantes de Pulpí. Sí que estuvieron dentro de la geoda ocho horas: quizá durmieron la mona entre una cosa y otra. Tampoco si aparte de la alevosía hubo premeditación, o si aquello fue un calentón por el mucho festejar el final de 2021. Un año jodido.

Sí sabemos que cometieron dos errores, como en la de Sergio Leone. Uno, el asalto a un sitio frágil y que es fuente de ingresos de la localidad almeriense. Otro, colgar en las redes sociales sus jare-jare, con o sin gore-tex. Y esto es gravísimo, no sólo para ellos, a quienes pudo el postureo sobre el goce en la intimidad: la hazaña estaba destinada a ser compartida urbi et orbi. No hace falta ser geólogo, gemólogo, espeleólogo y ni siquiera sociólogo para concluir que para cada vez más gente nada existe si no se comparte en internet. Le tiemblan a uno las piernas solo de pensar en tal actitud, que es masiva. Otros se han despeñado desde una almena o un acantilado por conseguir un selfie con que impresionar. Estos dos muchachos -deben serlo- no pudieron contener la pulsión por hacer ver al mundo su espeleocasquete. Aun a riesgo de perder la libertad unos años de la juventud.

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