Sam Seaborn, subdirector de comunicaciones de la Casa Blanca, un pimpollo californiano to guaperas -ya saben, Rob Lowe, que ha forrado más carpetas que el celofán y ha abierto más almejas que el Lambrusco- graduado magna cum laude por Princeton, pura élite, era un firme creyente del sistema político estadounidense y de la capacidad de la acción de gobierno para mejorar la vida de la gente, un tipo con altas capacidades, estirado y condescendiente -de esos que cualquier cazurro de pescuezo colorao metería en el saco de los malditos liberales de la Costa Este- que tenía en su despacho del Ala Oeste una bandera, la First Navy Jack, con trece barras blancas y rojas cruzadas por una serpiente de cascabel sobre el lema "Dont tread on me".

Esa bandera, junto a la de Gadsden -amarilla, y con la bicha enrollada sobre el mismo lema- y específicamente la serpiente de cascabel es uno de los símbolos fundacionales de los USA además de la archiconocida y oficial águila calva. Un tótem que explica el mito del origen de la nación: siempre vigilante nunca cierra los ojos; sus armas están ocultas y parecen débiles pero son fatales; nunca ataca sin avisar sonoramente y una vez comprometida en la lucha nunca se rinde; además la de subespecie de madera tiene trece cascabeles en su sonajero: las trece colonias. Los asaltantes del Capitolio ondeaban la oficial Star and Stripes, pero además de la Sureña, abundaba la serpiente que los une como tribu. Lo que observamos con la serpiente de cascabel es una inversión de la simbología por la cual un icono que nació como símbolo de defensa de las libertades se utiliza en el asalto al templo de la democracia.

Queda claro que lo que los modernos llaman post verdad es manifiestamente prefascismo y como muestra, paso a contarles los mitos fundacionales de un par de milicias convencionales que campan a sus anchas por los USA. Los III%ers nacen del mito de que tan sólo un 3% de la población de las trece colonias se levantó en armas contra la corona británica; defienden el derecho a portar armas, son profundamente localistas y contrarios al Gobierno Federal, surgieron en reacción a la elección de de Obama, están presentes en 19 estados bajo diversas marcas, organizan entrenamientos paramilitares y participan en contramanifestaciones, brindando protección armada a quien se la solicita -como el KKK de Zinc, Arkansas, el pasado 4 de agosto- o a quien ellos creen que la merecen. En esa línea actúan también los Oath Keepers, guardianes del juramento, que fichan a sus acólitos entre miembros activos y retirados de la policía y el ejército propagando la idea de que el juramento de defensa de la constitución está por encima de la cadena de mando, como paso previo para considerar inconstitucional todo aquello que vaya en contra de sus locos desvaríos. La vinculación o pertenencia a este grupo de miembros en activo de las fuerzas policiales es un peligro conocido que explica muchas de las cosas que estamos viendo. Y de las que nos quedan por ver.

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