EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Estamos a cinco columnas de la centena, todas escritas por mí para mí, y algunas para ustedes, casi cien, en las que habitualmente se invoca a nuestros representantes, unas veces -las menos- directamente y otras -las más-, como náufrago que lanza una botella al mar con algo escrito dentro. Todas, parece ser, las he escrito en correcto castellano -no hubiera permitido otra cosa el insigne direttore, finísimo editor e implacable capataz de la letra impresa en rotativa- pero, visto el ambiente, parece ser que no se enteran; porque leerlas me consta que las, o se las leen. El panorama es una mezcla de fango, sangre y estiércol, envuelta en una nube de polvo en la que flota un virus coronado. La Carrera de San Jerónimo es hoy el arroyo al que van a parar todas las tripas sin lavar, todo el pescado putrefacto, un cauce inmundo donde los borrachos de ego y de lo otro arrojan su vomitona, los más putas se lavan el coño y las más castos se cagan a la vista de todos y todas o viceversa. Se suben a la tribuna y lo hacen ahí arriba, sin vergüenza.

Son literalmente irresponsables: pueden hacer apología del genocidio, del infanticidio masculino o del estupro de ancianos, pueden lanzar mensajes de odio, pueden, por supuesto -y lo hacen de continuo-, injuriar y calumniar sin tasa, y nada de lo que digan ahí arriba puede ser llevado ante un juez. Son inviolables en el ejercicio de su función parlamentaria y a mí me parece muy bien: es la máxima expresión de la libertad de ídem. Aquí la gozamos a tope, limitada por nuestra conciencia y honor, por el código penal -aguantando nuestra vela, llegado el caso- y por la declaración publicada el 16 de junio de 1867 en el nº 1 del Diario de Cádiz: "las columnas de nuestro periódico [...]se hallarán completamente cerradas para toda clase de polémicas personales, que dan origen a espectáculos lamentables. [...] Como no nos ciegan las pasiones de estos tiempos, ni nos moverán los odios[...], ni resentimientos personales [...] guiarán jamás nuestra pluma".

Como parece que el correcto castellano no chuta, y esto va de ver quién es el más macarra, yo también chanelo el sermo vulgaris, y chamullo el caló, el cheli, y algo de lunfardo, y como ya me tienen hasta el orto las jais y los juláis, vamos a chamar en su parla a ver si así se guipan. Como la sigan pringando van a changar el cotarro y se va a poner la peña a dar con el fierro y no va haber fiambreras pa llevar tanto mulé a la gusanera. Y todo por el muerdo del marqués del chaluta, la galga afgana, Perico el fardón y el resto de chutones que quieren ser kun y no llegan a baranda. Más les vale, señorías, que vuelvan a la dignidad de las instituciones, porque cualquiera que vea sufrir a sus churumbeles se va a ir pa ustedes y les va a petar el jebe, y eso ya no tiene vuelta atrás.

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