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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

El arte del agravio

Los gobiernos socialistas de Andalucía manejaron el agravio con habilidad; el PP se ha revelado un buen alumno

Circula por ahí la idea de que el Gobierno de Pedro Sánchez ha dejado a los valencianos -con una Generalitat socialista- confinados en la fase 0 y sin poder pisar la calle para poder hacer lo mismo con los granadinos y los malagueños y disimular, tampoco demasiado porque se les nota todo, que lo que se pretendía era hacerle daño a Juanma Moreno y a la Junta. Y no crean que la ocurrencia circula en las casi siempre descerebradas redes sociales, sino que se ha dejado entrever en alguna de los cientos de tertulias que cada día tienen que llenar miles de periodistas e incluso se ha comentado en algún despacho. No vamos a defender aquí las decisiones adoptadas por un Gobierno que no es que se esté cubriendo de gloria en la gestión de esta crisis sanitaria que tiene destrozado y sin aliento al país. Nos faltan mimbres científicos para saber si la decisión con respecto a las dos provincias andaluzas está suficientemente justificada e intentaremos evitar ese vicio tan común de columnistas y tertulianos de pontificar sobre cuestiones técnicas de las que no tienen ni idea.

Pero sí conviene dejar sentado, al hilo de la polémica suscitada en Andalucía por lo que se ha dado en llamar desescalada, que el agravio se ha convertido por derecho propio en el principal argumento de actuación política de las autonomías. Y no pasa sólo aquí. Denunciar al Gobierno de Madrid, sobre todo cuando es de partido contrario, y esconder tras esas denuncias realidades más o menos demostrables y también muchas veces las propias incapacidades de gestión es el pan nuestro de cada día desde que hay autonomías en España.

En esto Juanma Moreno ha aprendido rápido. Atento observador de la política andaluza desde hace muchos años, no le han faltado en esta región ejemplos de los que tomar buena nota. Los gobiernos socialistas de Andalucía manejaron el agravio con indudable maestría. Desde las épicas huelgas de hambre de Rafael Escuredo hasta la deuda histórica o los 4.000 millones que esgrimía una y otra vez la hoy ministra María Jesús Montero cuando era consejera de Susana Díaz. Pasando, claro, por la estrategia de ariete socialista contra Aznar que desempeñó con especial entusiasmo Manuel Chaves cuando le tocó en malos momentos para su partido. Así que nada nuevo bajo el sol. Al fin y al cabo, la experiencia demuestra que sacar a pasear el agravio tiene fácil venta mediática, resulta políticamente rentable y sale barato. ¿Quién puede resistirse a hacer de eso un arte?

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