EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Cambio de sentido

Estado de ánimo

Se retira un poco 'el bicho' y aparecen cocodrilos, toros, adventistas, meteoritos y vida inteligente en otros planetas

Mucho me temo que el Estado de opinión ha sido suplantado de forma definitiva por el Estado de ánimo. A los propagandistas políticos de nuevo cuño y viejas aspiraciones les interesa más provocar efectos emocionales que influir en las corrientes de opinión, trocando lo uno por lo otro. Hay quienes creen que responden cuando, en realidad, sencillamente, reaccionan. Entre lo uno y lo otro hay una diferencia de naturaleza. Súmenle a eso la inclinación hacia el desconcierto y el delirio al que asistimos perplejos en estos momentos: de pronto irrumpió en nuestras vidas tal chute de realidad; tal mangazo de miedo; tal barreno en las sólidas estructuras, que no hemos podido con ello y nos hemos puesto a disparatar. En cuanto se ha retirado un poco el bicho, han aparecido cocodrilos en el Pisuerga, 6 toros 6, adventistas del enésimo día, meteoritos y hasta vida inteligente en otros planetas, ya que en este va en declive. Los políticos han relajado sus formas hasta la laxitud, volviendo de plastilina lo institucional. Hay días que en el Congreso no hay sesión sino función.

El disparate, como disparo contra la falsedad de las cosas que nos cuelan como buenas y reales, es sanísimo; así lo han demostrado el arte, la literatura y el humor de veras. El disparate al que ahora somos llamados a participar es chungo, polarizador, infectado de falsas dicotomías y analogías más falsas aún, que hay que tomarse la molestia de desmontar. Puedo estar radicalmente en contra del racismo (como lo estoy) y que me parezca una nueva majadería del puritanismo gringo quitar Lo que el viento se llevó de HBO; o de la fiesta de los toros (como lo estoy) sin dejar de señalar el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías como uno de mis poemas favoritos, ni de leer lo que sostienen al respecto Víctor J. Vázquez o el profesor de ecología Ángel Martín Vicente. Sé que ambos escucharían mi réplica con atención. Me puede parecer (como me parece) el colmo de la mala fe asociar feminismo y pandemia a raíz del 8M, y no por ello identifico los feminismos con la figura de una ministra. No es equidistancia, es resistencia militante a que me metan la cabra loca de la razón en el sensato corral de la locura. Remover las tripas antes que las conciencias, programar el delirio y tratar de conducir a la opinión pública con falsas dicotomías y analogías evitan la verdadera disidencia. A este paso, Democracia no será más que una palabra tan hueca como bonita.

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