La vida vista

La otra amenaza

Toca emprender la batalla ideológica contra los nacionalismos excluyentes y dejar la estrategia dadivosa

La banda terrorista ETA escribió el sábado otro capítulo de su derrota al entregar su arsenal de armas. Un acto que los terroristas y sus inmorales supporters revistieron con ese bufo halo teatral que siempre les caracterizó. A Bayona se fueron y allí trataron de reivindicarse como actores de la paz esos mismos que hace poco tiempo dinamitaban aeropuertos y disparaban por la espalda. O sea, que los nuevos gandhis son El carnicero de Mondragón, que por allí anduvo dando fe de la pantomima, el sanguinario De Juana o el crudísimo Txapote. Vivir para verlo. Los etarras y sus seguidores no estuvieron sin embargo solos, pues contaron en su opereta con el apoyo moral de los de siempre: una parte sustancial del comunismo español (que ahora pace en Podemos y que siempre vio en los pistoleros a unos heroicos primos vascos) y el nacionalismo vasco y burgués (que a los marxistas pegatiros siempre los entendió como el hermano pequeño díscolo y necesario). Todos ellos olían allí, en Bayona, a derrota, a cosa sangrienta y oscura del ayer, sometida a la ley no por ninguna voluntad propia de paz, que nunca la hubo, sino por la fuerza y valentía del Estado de Derecho, la razón democrática, la diplomacia y la acción policial. Un triunfo que debe de servir como ejemplo de la capacidad autodefensiva de las democracias y que sólo tiene la mancha de aquella oscura guerra sucia de los GAL, criminal y por desgracia mal juzgada, que tanto daño le hizo a la lucha antiterrorista al demostrar las debilidades de un Estado de Derecho que aún andaba en pañales. A España y a sus gobiernos les toca ahora gestionar la victoria, sin arrogancia pero también sin impunidad, y emprender una nueva lucha que no requiere de tiros pero sí de diplomacia, de determinación, de unidad y de estrategia. Les corresponde dar la batalla siempre postergada y plantarle cara a los nacionalismos victimistas, peseteros y excluyentes allí donde son fuertes para acabar con esa política de dádiva y entrega que nunca sirvió. A PP, PSOE y C's les corresponde defender una democracia y una Constitución que, aunque ETA ya sólo sea el jirón sangriento de una decimonónica txapela marxista, aún siguen amenazadas.

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