EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Estas grandes crisis se llevan por delante parte de las superestructuras y dejan a la intemperie lo que subyace. En términos políticos, la tribu subyace al Estado; en términos empresariales, por debajo de las grandes compañías, existen redes más o menos tupidas de pymes, autónomos y profesionales libres -¡menuda paradoja!- que irán creciendo y/o pasando a la economía sumergida a veces de manera alterna a lo largo de muchos trimestres. Desde el punto de vista organizativo la adaptación será más fácil a las empresas menos jerarquizadas y más permeables o informales. Por sectores, veo tan evidente un crecimiento en el primario y secundario que no sabría decirles si se trata de una expresión de mis deseos o de mis temores. Dicho de otro modo, o se enfocan muchos esfuerzos ahí o todo lo demás -sector terciario, todo lo público y sector financiero- se cae a plomo. Absolutamente fundamentales la inteligencia artificial, el análisis masivo de datos, la robótica colaborativa, los vehículos autónomos -tripulados o no- y la hiperconexión en las relaciones máquina-máquina, máquina-hombre y hombre-hombre que se están acelerando a tope durante esta pandemia.

La principal consecuencia será el fin del trabajo tal y como lo hemos conocido, y esto va a generar tensiones que van a ser origen de conflictos. De cómo se aborden dichas tensiones dependerá la dimensión de los conflictos. Frente al dumpin fiscal que nos aplican nuestros hermanos noreuropeos -ellos son los hermanos, nosotros los primos-, dinero público para generar energía limpia y muy barata para las empresas españolas, financiada sin coste por la banca. Ya ha quedado claro que las energéticas y la banca española son las peores de Occidente y no les falta responsabilidad en todos y cada uno de nuestros desastres: ahora que llega el momento de crear PIB en cantidad; reducir al mínimo la factura energética del sector productivo y devolver lo prestado es el mínimo servicio al país que se espera de ambos sectores, siempre considerados estratégicos y demasiado grandes para caer. Cuando es el país lo que está en caída libre ya no hay nada demasiado grande. Podría parecer una locura, pero las naciones no dependientes de energía y con banco central propio nos llevan un par de cuerpos de ventaja.

Por lo demás, ellos y ellas siguen de duelo -en su primerísima acepción- arrojándose los muertos y las muertas a la cabeza, mientras Redondo sigue inventando cosas para susurrarle al Bello en la Moncloa. Ahora toca nueva normalidad que, como todos ustedes no saben, es la subnormalidad de toda la vida.

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