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Los afligidos

Esta es, muy resumida, la estrategia sentimental del nacionalismo: ellos no agreden. Responden a una agresión

Mañana, de cumplirse lo dicho, los restos del general Franco viajarán en helicóptero, camino de Mingorrubio, para ser inhumados junto a los de Carmen Polo. Los planes, sin embargo, siempre están al albur de lo que digan los astros, de ahí que el helicóptero más famoso del momento sea, no el que trasladará los despojos del dictador sobre los cielos de España, sino aquel otro helicóptero de los Mossos, que la alegre muchachada indepe quiso derribar mediante una vistosa pirotecnia. Es de suponer, claro, que el Gobierno no esté muy satisfecho con el súbito oscurecimiento de su medida estrella. Pero tampoco crean ustedes que de la otra parte están mejor: don Jordi Évole, sin ir más lejos, anda contrito y afligido por el futuro de esos pobres chicos del CDR, engañados por sus políticos (así lo denunciaba en La Vanguardia), y que se han visto obligados a quemar una mica su ciudad, antes de volver a la facu, al bar o a casa de sus papis.

Es decir, que uno se ve impelido a meterle fuego a los contenedores (o a perfilar a un policía con una motosierra), como don Arnaldo Otegi se veía obligado a secuestrar un poco, en las horas muertas, antes de convertirse en ese "hombre de paz" tan admirado por el señor Évole. Uno de los mayores misterios de la mal llamada "progresía" es, precisamente, este desprecio manifiesto por quienes dicen defender, tildándolos de memos e incapaces. El señor Évole, como es muy listo, no necesita que nadie le ayude a escribir sus artículos. Los mozos del CDR, sin embargo, necesitan de una guía espiritual, porque si no, te das la vuelta y ya han tirado un helicóptero.

¿No es emocionante esta compasión con el irresoluto, con el lerdo, con el afligido por una necedad estructural, propensa al crimen, que sólo el progresismo light ha sabido valorar en sus justos términos? A qué canalla se le ocurre que estas criaturas puedan ser responsables de sus actos.

Esta es, muy resumida, la estrategia sentimental del nacionalismo: ellos no agreden. Responden a una agresión. Pero esta respuesta es obligada, inducida, acaso involuntaria, como el girasol que sigue dócilmente la luz. ¿Y qué alma impía querría acusar a alguien así; alguien que se defiende, y al defenderse lo hace como un sonámbulo? Es ahí, sin embargo, donde aciertan inopinadamente. La admirable y heroica Policía española se ha enfrentado estos días a la vanguardia de un ejército sonambulizado, "pacífico", ajeno a la culpa. El ejército quejumbroso, perennemente hostil, del catalanismo.

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