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¿Vuelta a la normalidad?

El confinamiento debería marcar un antes y un después tanto en la sociedad como en el individuo que la integra

Dicen en Cádiz que en Carnaval somos tal como somos en realidad y que los disfraces son los que nos acompañan el resto del año. No van mal encaminados los gaditanos, habitantes de un lugar que puede presumir de ser cuna de la libertad, no sólo por aquello de la Constitución de 1812, sino por la forma en que entienden la vida. Y el bien más preciado es la libertad, dijo don Quijote a Sancho, siendo el cautiverio, el peor mal que le puede venir al hombre.

El mundo siempre ha estado en crisis. Basta leer un libro de Historia para tomar conciencia de ello. No hay momento histórico en el que las dificultades no hayan quedado reflejadas en las crónicas y la literatura, cosa que tal vez forme parte de la existencia. La vida es el caos y la muerte la quietud. Cuando se observa el tránsito de células sanguíneas por el torrente circulatorio, impera la hiperactividad, una movilidad continua que parece caótica, pero que está perfectamente controlada, sabiendo cada una de ellas adónde va y para qué sirve. Sería algo similar al manejo de la bulla en Semana Santa o el controlado desorden de la procesión del Rocío. Uno empuja por aquí, otro por allá, pero al final todos se acomodan y todo llega al sitio previsto.

El confinamiento en casa, que dura ya más de mes y medio, debería marcar un antes y un después tanto en la sociedad del siglo XXI como en el individuo que la integra. Si Pascal puso el límite de la madurez en permanecer veinticuatro horas sin salir de una estancia y Xavier de Maistre fue capaz de viajar sin salir de su habitación, nosotros los hemos superado con creces. Aunque se anuncia una tímida relajación para los que no tenemos perro ni niños, todos estamos sometidos a una prueba de esfuerzo capaz de hacer salir a flote carencias personales y familiares. Tomás de Kempis, aseguraba que la adversidad es un bien para el hombre, porque le suele hacer entrar en sí mismo. Habría que añadir en esta pandemia que si se sale, porque muchos serán los que se queden en el camino.

Tal vez, como decía del Carnaval, la situación actual sea más normal que la que habíamos creado, y en la que tan seguros nos sentíamos, basada en el consumo frenético y el miedo a encontrarse un rato a solas con uno mismo. Como decían los clásicos, de todo con moderación. Esperemos que el acto final, que a veces parece una comedia, no acabe en drama y mucho menos en tragedia.

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