¡Viva el Rey!

Pónganse de acuerdo en una reforma constitucional y sométanla a votación. Por ejemplo, con senadores vinculados a su distrito

Todo el mundo pendiente del amarillo lazi, y nadie se fija en el verde marcha. Sin que sirva de precedente vamos hoy a surfear en la cresta de la ola de la hedionda actualidad. Espero que haya suerte y que no salpique mucho. Va a hacer un año que les escribía esto que ahora les recuerdo: "Lo que estamos viendo es un golpe nacionalista propiciado por los bebedores de cava de Pedralbes, posiblemente la burguesía más racista de Europa [...], y con el agravante de usar como instrumento de su revolución a los nietos de los charnegos a los que explotan y desprecian. Es inaudito. Y por detrás, opinando a favor de no sabemos muy bien qué, una clac de izquierdistas de salón absolutamente ignorantes, que no han visto un obrero ni de lejos y que no han doblado el lomo en su dolce vita. Cuando los antifascistas no saben identificar al fascismo son como los bomberos de Ray Bradbury".

Decía entonces que esto sólo se puede arreglar con la política. Y lo mantengo. Hay quien se manifiesta exclusivamente pasivo en la fellatio, y claro, con esa postura, si eres feo, terminas convirtiéndote en un ser asexuado, sin relaciones. Es lo que le terminó pasando al ínclito Mariano; Alá lo tenga en su seno o Dios en su gloria. También se puede ser bello y audaz, y confiando en el poder de seducción, ir a por lana y salir sodomizado. Es lo que le puede pasar al inefable Sánchez; Mahoma o San Cristóbal de Licia guíen su camino. Para estas cosas lo mejor son las relaciones formales: ir a hablar con el padre de la muchacha, o con la madre del muchacho -el resto de permutaciones, que hastío, háganlas ustedes en casa- y decirle que las intenciones son buenas y las viñas son éstas.

Y por muy mojado que esté el papel de la Constitución Española de 1978, el padre de la muchacha es la soberanía nacional, que reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del estado, como todos ustedes no saben. Pónganse de acuerdo en una reforma constitucional y sométanla a votación. Por ejemplo, una con un senado de los lander con senadores vinculados a su distrito; un congreso en el que no pueda tener representación un partido que no la logre en al menos diez provincias; una reforma que contemple ¿por qué no? el procedimiento de un referéndum de autodeterminación. Y luego votamos, que somos soberanos. Y hablando de soberanos, por si acaso proclamo: ¡Viva el Rey (de Marruecos)!

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