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Hay luces y sombras en el horizonte económico andaluz y nadie tiene una bola de cristal para saber lo que se nos viene encima. El PIB regional crecerá en 2019 un 2,3%, pero el año que viene sólo un 1,9. Lo ha contado esta semana el servicio de estudios de Unicaja. El INE ha anunciado que el desempleo sigue estando en Andalucía ocho puntos por encima de la media nacional y algunas provincias como Cádiz o Córdoba superan el promedio en 10 o 12. El presidente de la Junta, como hacía Susana Díaz y probablemente es su obligación, ve la botella medio llena y pinta un futuro halagüeño por el ritmo exportador de las empresas; el jueves presumió en el Parlamento del aumento en un 5% de las ventas agrarias al extranjero. Es la foto del momento.

Hay vientos de cola que se mantendrán a medio plazo, como precio de la energía y tipos de interés bajos, estreno de una Comisión Europea con ganas de generar nuevos estímulos, y la necesidad de Alemania de que se active la demanda interna continental con incentivos no sólo monetarios sino también fiscales. Pero también hay motivos para la preocupación. Nos esperan turbulencias hasta las elecciones de noviembre de 2020 en Estados Unidos, con el incontrolado Trump haciendo lo que haga falta para mantenerse en la Casa Blanca. También ensombrecen el horizonte la salida del Reino Unido de la UE y la insurrección catalana. Y la volatilidad del empleo andaluz con sectores básicos como construcción, turismo y agricultura, estacionales y de bajo valor añadido.

Y después está la propia inestabilidad interna nacional, con un escenario que las encuestas pintan más complicado que el de abril. En Europa se controló en mayo el sarampión ultranacionalista y las dos fuerzas crecientes son verdes y liberales. Ahí encontramos una nueva anomalía española, mientras que en Alemania o Francia los partidos ecologistas son potentes, en España son una fuerza residual. Se podría decir lo mismo de los liberales; en su errática trayectoria Ciudadanos abandonó su lado socialdemócrata y ahora la intolerancia le aleja del campo liberal. Y el PSOE, que no sube, se queda sin posibles socios a derecha o izquierda, y con el desapego soberanista.

Los expertos previenen contra el pesimismo. Sostienen que el mayor riesgo para una economía son las profecías autocumplidas. Nos ponemos a decir que la cosa puede ir mal, se retrae el consumo y los malos pronósticos acaban acarreando la crisis. Hay también vientos de cambio en Andalucía. A caballo entre el fin de la era socialista y el inicio de la popular se ha producido una devaluación salarial que ha aumentado la brecha respecto a la media española, con un aumento de la productividad, lo que ha hecho a la economía regional más competitiva. No sabemos si con esto y las exportaciones el empleo andaluz aguantará mejor cuando lleguemos al ciclo bajo. Ninguna bola de cristal lo adivina.

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