Rematamos el diecinueve muy flamencos, diciendo desde los medios ¡vente! al veinte y miramos su final como Rafael de Paula cuando no triunfaba, de lado, desde el callejón y con la taleguilla manchada y no de sangre. Echo la vista atrás un año y recuerdo que les dije que en mis cuarenta y seis ni uno malo, todos a salvo del hambre, de la guerra y de la peste, que problemas sí, pero del primer mundo, que aquí somos de levantarnos hasta de la siesta, que por encima de gobiernos y oposiciones en 2020 nos volveríamos a poner en pie y a movernos en busca de nuevos horizontes, que iba a ser el año de los primeros vuelos en solitario de la niña mujer, les decía que soy un tipo afortunado con mi tribu con reina como escudo, y esa es mi suerte que resiste, mi reina y nuestra plebe.

Aquí estoy con un año más, a mis cuarenta y siete y ni uno malo, a salvo aún del hambre y de la guerra y huyendo como puedo de la peste, en pie pero tan quieto que no ha sido posible tropezar ni una maldita vez en todo el año, ni caer de bruces dando trechas, no ha habido que levantarse nada más que por las mañanas y de la siesta, en vez de buscar nuevos horizontes casi se nos caen encima las paredes, la niña mujer no ha volado y aunque el 2020 le ha tirado plomo con saña a las alas no le ha dado, y ahí está la grandeza de este año de mierda. La grandeza de verla triunfar -aunque ella no lo sepa- como Curro en la Maestranza el sábado de preferia del noventa y nueve, este 2020, como aquel "Sigiloso" de JP Domecq, le ha podido quitar a la chiquilla el capote de las manos en varas, pero ella se ha sobrepuesto a la frustración al natural y le ha pegado una estocada en todo lo alto al trimestre y al año, que se resiste a echarse y camina hasta los medios a caer, mientras lo sigo mirando, temeroso desde detrás del burladero.

Los peques perdiendo menos ya saben lo que vale un peine, se han adaptado como jabatos y eso ya es ganar, mi dueña y señora aguanta las peores condiciones de dejadez e hipocresía, al punto de que España es el único país supuestamente civilizado que no prioriza la vacunación de los docentes, es tanto el abandono que en todo el trimestre no ha recibido ni una mísera mascarilla homologada como EPI -le han dado unas cosas de origen desconocido y tela suavecita que uso para limpiarme el culo-, no quebrar ahí también es ganar. Para rematar el año mientras escribo estas letras me llama un amigo para decirme que tiene cáncer y no quiere que me entere por la calle, y me pide el tío cabrón que le escriba un epitafio. Vete veinte. Al carajo.

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