Mensaje en la botella

Urbanismo y el futuro

Qué se dejen de pamplinadas y el consejo rector se ponga a trabajar con el mayor consenso

Me confienso equidistante respecto a la Gerencia Municipal de Urbanismo de Córdoba (GMU) -al igual que de otros muchos temas de esta Córdoba nuestra y le pese a quien le pese- por razones obvias. Y es que esa casa -la GMU- ha sido un verdadero desastre en los últimos 20 años, siendo generosos. Por allí han pasado con mando en plaza la mayoría de los partidos políticos con representación en Capitulares -IU, PP y PSOE-, pero ni por esas. Los que entraban eran peores que los anteriores y que los anteriores de los anteriores, hasta hacer del Urbanismo en Córdoba un auténtico problema, con un ente gestor convertido en freno al desarrollo de la ciudad y en escenario para el enfrentamiento entre los partidos. Vergonzoso. Y que se salve el que pueda.

Ahora hemos vuelto a cambiar de gobierno y, por ende, de responsables de la Gerencia. Y no se han cumplido aún los 100 días de cortesía que se suele conceder a todo nuevo gobernante, cuando ya están unos y otros polemizando sobre cuál es la situación real del organismo autónomo. Unos dicen que son 3.000 las licencias atascadas. Otros, los que estaban antes, que no son tantas, mientras que el resto pide explicaciones y hasta certificaciones oficiales de cuántos son los expedientes que se encuentran en el cajón. Pero ante ese panorama, un servidor se pregunta: ¿y qué más da si dos 2.000 o 3.000? Me parece que entrar en esos debates no es más que marear la perdiz, desviar la atención sobre lo superficial sin entrar en el fondo y eludir lo que verdaderamente deberían contar a los cordobeses. Urbanismo es un caos y lo demás, como diría un castizo, son cuentos y capachos.

Tal vez por aquello de que quienes están en las instituciones tienen la tentación de vivir en su propia realidad, no han reparado en que el problema no son las cifras, sino el emprendedor -grande, mediano o pequeño- que te dice que lleva un año esperando un permiso para abrir su negocio o el vecino que carece de servicios básicos en su nueva vivienda a la espera de una firma en la GMU. Desconozco -equidisto de nuevo- si la solución pasa por uno, dos o cinco planes de choque por parte del actual gobierno municipal, si tiene que haber un supergerente o un mediopensionista. Da igual.

Lo que me gustaría es que todos se dejaran ya de plamplinadas, que el consejo rector se pusiera a trabajar con el mayor consenso -sin imposiciones de nadie-, que se solvetaran de una vez por todas los problemas que arrastra la Gerencia. A ver si se enteran que sentarse en ese órgano no es un juego ni un escaparate para presumir de oratoria política. Las decisiones que allí se toman afectan a la vida de la gente de manera muy directa y a la de miles de profesionales que se merecen un respeto. Esto acaba de empezar y tienen una oportunidad para cambiar las cosas. No nos defrauden otra vez, que ya son demasiadas.

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