Los dedos de una mano sobran para contar las veces que hablo aquí de mi profesión. Es probable que sea por falta de apetencia, ya que invierto la semana dando barrigazos por ahí, toga virtual en ristre, o por un poco de pudor inconsciente, para que el espacio no sea escaparate confuso e interesado, y me salga así, de natural. El hecho es que lo hago poco. O sea, que si lo hago, evalúo mucho la excepción. Hoy es un día de esos. Mi gremio está de elecciones. Tres días de voto telemático y uno, el 20, presencial. Tres candidaturas compiten por las simpatías de poco menos de dos mil profesionales en la provincia, que comparte territorio con el colegio de Lucena, más centrado en el sur. Lo primero que destaco es que venimos de un magnífico Decano saliente, José Luis Garrido, que se va porque quiere y que, de no irse, casi seguro repetiría. Josele ha hecho una labor dignísima al frente de nuestra representación y pocas sombras le señalan. Al contrario, diez años después, esto está mejor que entonces. Lo segundo es que las tres candidaturas son muy buenas y, gane quien gane, no creo que ningún abogado de Córdoba albergue temor alguno porque el futuro se complique más de lo que está en función de quién venza. Todas ofrecen suficientes garantías de solvencia.

Yo votaré hoy. Los matices y el detalle marcan la diferencia para mí. Tras una gestión saliente muy buena, dos surgen de esa línea, que acaba de terminar, y una es nueva. Igual que Josele supuso un revulsivo hace diez años, creo que ahora debemos probar otro modelo. Las listas están preñadas en todos los casos de buenos profesionales y, lo que es más importante, de buenas personas. Sin desmerecer a nadie, pero afectado por el cariño y la admiración, qué puedo decir de mis jefes de siempre, Concha Ortega y Rafael Alcaide, o de Rafa Herranz y Miguel Donate, merecedores todos ellos del mejor éxito. Sin embargo, optaré por la candidatura que ofrece un rumbo nuevo, no solo por el candidato a Decano, Francisco García-Calabrés, que también, sino por el impulso vibrante que reconozco en Berta Aparicio, Manu Marín, Álvaro González-Astolfi o Rafael López Montes, por ejemplo y por todos.

La tierra es para quien la trabaja. Esa candidatura pide que te unas al cambio y es que el cambio nos ha llegado, de golpe: un nuevo tiempo sobrevenido que exige proactividad, más buscar al colegiado, sin que lo necesite expresamente, que ser buscado en el colegio. Para que el cambio una, nos han visitado personalmente y han escuchado críticas a su modelo, integrándolas en su oferta. Si llegan así, acercándose, más para escuchar que para pedir, y sumando, sin exclusiones, me da que traen aire fresco e inquietudes nuevas. Y toca.

Ni sé vivir sin retratarme ni me apetece. No tengo interés personal en este envite. Solo mi voto. Ni gano ni pierdo nada. De lo viejo, poco malo y agradecido sin duda. Pero lo nuevo está por venir. Me uno al cambio.

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