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Más allá de cualquier teoría concienzuda, hoy la izquierda es fetichista y la derecha es pragmática, por más que parezca un contradios, lo que es, es, y lo que no es, no es. Al soldado se le supone el valor, al rojo el materialismo dialéctico, y al facha la fe. La filosofía dimat fue sistematizada por la Academia de Ciencias de la Unión Soviética y es a la Historia lo que el darwinismo a la Biología. La mística fascista dicta que el movimiento no ha de constituirse en doctrina racional, basta con la adhesión a través de la fe. Teoría y praxis en un lenguaje, fe y obras en el otro. Teniendo en cuenta que una cosa es lo que se hace, otra es lo que se dice y otra es lo que se dice que se debe hacer, una vez caído el muro y la amenaza, pierde peso el tercer factor y unos abrazan la teoría y abandonan la praxis y los otros desprecian la fe y pasan a la acción. Y ahí cambian las tornas: el que hace es pragmático, del griego pragma, hecho o acción, y una vez hecho lo hecho, poco le importa el dicho; y el que dice, piensa que lo que dice cambia la realidad como en un hechizo, del portugués feitiço, fetiche, y una vez dicho lo dicho poco le importa el hecho.

Ahí tienen ustedes lo que los cagabandurrias llaman posverdad y yo llamo vivir sin imperativo categórico. Como parece claro que el lado del pragma se explica casi solo, vamos a poner un par de ejemplos de lo que le está pasando a esta izquierda fetichista en su camino neocatecumenal, plagado de santurrones y madres superioras. El primero, la Unión, el gran mito-tótem que se enarbola desde los más remotos orígenes: agrupémonos todos en la lucha final, unión general de trabajadores, izquierda unida, unidas podemos, pero siempre cuerpo a tierra, que vienen los nuestros. Como segundo ejemplo vamos a echarle un ojo al Fénix, Joaquín, y a su discurso al recoger su merecido Óscar. Dicen que un especialista es alguien que cada vez sabe más sobre menos, hasta que lo sabe todo sobre nada, y el discurso del bueno de Joaquinito, fue un compendio de defensa de los derechos de minorías cada vez más minoritarias, tanto que de seguir así cada minoría será un individuo, la izquierda individualista, y la derecha colectivista.

El discurso viene, además, envuelto en su correspondiente gesto en pos del planeta: usar el mismo traje -no sabemos de cuántos miles de pavos americanos- para recoger todos los premios que ha recibido este año. Qué maravilla. Seguro que en Hollywood, la farlopa de después de las galas es eco friendly y de comercio justo. Como decía Don Enrique, alcalde de mi más tierna infancia: el que no esté colocado que se coloque ¡y al loro!

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