EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Les iba a escribir una columna contando que las grandes decisiones de compra se posponen hasta que descampe -inmobiliaria, automóvil, etc...-; diciendo que los nuevos sectores esenciales -si se me permite- no son nuevos, digamos que se han vuelto a poner de moda ante la dura realidad; explicando que va crecer exponencialmente el comercio de proximidad por el canal online, y que dicha proximidad no tiene por qué ser geográfica, que bien podría ser la desaparición de muchos eslabones en la cadena de distribución, independientemente del destino final. Les iba a escribir que veo una gran oportunidad para el agroalimentario español, con Andalucía, Murcia y Valencia en posición de vanguardia. Les hubiera escrito que grandes distribuidores van a ser fagocitados por Amazon, así como algunas compañías aéreas, que ya están empezando a formar parte de su flota.

Como consecuencia de lo anterior, pensaba sugerir que va a crecer muchísimo el sector de la última milla. Ciclistas versus robots: el futuro ya está aquí. La iba a titular "La milla verde" y la intención era mirar más allá de la pandemia, tratando de ofrecer algunas claves de reactivación económica en este entorno de incertidumbre y cambio vertiginoso en el que nos ha tocado vivir. Pero no va poder ser: las consecuencias de la pandemia en la esfera política están siendo desastrosas y es obligado expresar que como en medicina, en política también primum non nocere -lo primero es no hacer daño-. Bien haríamos en volver la mirada hacia Europa como obra humana y repensar todas sus bifurcaciones y vías muertas, analizar qué, por qué y a beneficio de quién se han movido las agujas que nos han traído hasta aquí, porque es en la Europa continental donde podríamos hallar las soluciones si es que las hay, o si es que debiéramos hacer el esfuerzo de buscarlas.

Vivimos una vuelta de los privilegiados -de privus, uno mismo, y legalis, relativo a la ley- que campan por sus fueros. No es una cuestión exclusivamente de dinero, ni de ideología -imposible cuando el pensamiento no alcanza más allá de una semana-, ni siquiera de diferencia en el modelo de gestión. Eso es el envoltorio que nos muestran: la piel bajo la que existe una inflamada y tupida red de intereses que cuando chocan es de lado -nunca de frente, siempre de perfil- con el efecto de expandir la red, de hacer crecer sin límite el saco de pus en el que se originan las leyes privadas que les amparan y les permiten dar, como si no pasara nada, el espectáculo que estamos viendo. Los romanos en la Ley de las XII tablas establecen la prohibición de la concesión de privilegios. ¡Están locos estos romanos! También decían que ubi pus, ibi evacua: dónde hay pus, hay que sacarlo. Tomemos nota.

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