Trump es un tipo con estilo propio, un estilo de mierda que tiene punzón por los dos lados, carece de espátula para corregir lo escrito alisando la cera de la tablilla -ya saben, tabula rasa-, un estilo que no concibe la posibilidad de error del escriba, una herramienta de origen divino que sólo puede ser empuñada por el elegido. God bless America y Donald Trump presidente vitalicio de los Estados Unidos por la Gracia de Dios -debió pensar el gachó mientras se miraba en el espejito la jeta esa rebozada en agua de azafrán. Me recuerda a uno que dijo ante un pabellón abarrotao que Dios el séptimo día no descansó, que vio aquel cerro dominando la campiña y decidió que allí iría Baena y que él sería alcalde a perpetuidad, y el pabellón estalló en vítores y alharacas; yo soy invencible e inmortal- dijo otra vez, poco antes de ser derrotado y abandonado por sus huestes. Dicen que la Casa Blanca durante el mandato de Trump se definía por el miedo del personal; ya les digo yo que en el Ayuntamiento del que les hablo en aquella época se estilaba el gayumbo de cuello vuelto.

Baraka, hueste y miedo: ese es el trípode sobre el que se alzan los caudillos, término que como todos ustedes saben, viene del latín capitellus, cabeza pequeña, es decir cabecilla. Ese otro en el que están ustedes pensando tuvo las tres cosas hasta el final y por eso murió en la cama; el senador de la campiña tenía la baraka en su cabeza y el miedo no fue bastante para cementar a sus vasallos, que lo abandonaron de inmediato tras la pérdida de la alcadía; el futuro de Trump pende de esos tres hilos. El miedo tiene muchas caras, siendo el odio la más útil para los fines de un cabecilla, actúa como cemento de las huestes, que son elemento crucial en todo esto; la baraka es siempre de hojalata hasta que llega la victoria y la chapa en oro.

No se hagan ilusiones, Trump es trumposo, miente hasta cuando dice la verdad, jamás ha admitido una derrota y no va a abandonar lo que ha construido, un gran logro nunca visto -pongan boquita de cloaca de gallina de corral al decirlo en inglés, mascando chicle o tabaco-, setenta y cuatro millones de almas le han votado y hasta ahí todo en orden. Qué parte de ese electorado pudiera repetir en 2024 era lo más trascendente hasta la toma del Capitolio, ahora el foco está en saber cuántos son incondicionalmente fieles, y entre esos quiénes están dispuestos no a tomar -ya las tienen- sino a usar las armas. El que piense que han fracasado se equivoca, esto es sólo una etapa más de un plan, no es un hecho aislado. Las milicias están ahí, con su Historia mixtificada de heroísmo como speed cortado con yeso, con sus planes y objetivos a la vista de quien quiera mirar. Como no hay más ciego que el que no quiere ver, en las próximas columnas les voy a contar que los Three Percenters no son los Pujol, qué juramento guardan los Oath Keepers, de qué están orgullosos los Proud Boys, vamos a ver cómo el huevo de la serpiente habita en la Constitución de los Estados Unidos de América.

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