Cien pajaritos muertos. Cien por remolque en la cosecha nocturna del olivar superintensivo, más de 2,6 millones de pajaritos muertos según los cálculos de la Consejería del ramo. Un pajaricidio en toda regla. Catástrofe ambiental, titulan por ahí. Y ciertamente lo es. Desde bien pequeño he sido un pajaricida, lo confieso. He puesto trampas. Muchas. El ciclo de ir a por alúas, poner las costillas, recogerlas y llenar una sartén de pajaritos lo he vivido y lo he visto como algo natural desde niño. Les he tirado con tirachinas, con plomillo y con cartucho en el momento que hubo hombro para aguantar el retroceso.

Aún recuerdo el Panda rojo de Don Ramón, la pastora alemana atrás conmigo; mi señor padre me cargaba hasta las trancas de cartuchos, él cargaba el doble -estaba recio y en forma entonces- y subíamos al mejor paso de zorzales del mundo -decían-, que está en Zuheros. Yo iba de perro con la perra, y cobrábamos doscientos o trescientos por tarde. Navidades del 85. Nunca se volvió a repetir. Los zorzales se acabaron. La última vez que subí con mi padre hace más de diez años, trajimos media docena y creo recordar que los compramos en el bar y no vamos a decir cuál. Pero no fuimos nosotros los que acabamos con los pajaritos: les pilló la cría en Ucrania cuando lo de Chernobyl. Primer crimen. Contra la fauna. El segundo es contra la Humanidad. Tenemos un censo de 176 millones de olivos en plantación tradicional en Andalucía y un censo en el REA de 429.859 hombres y mujeres del campo. Tocan a algo más de 400 olivos por cabeza. Cada vez que se arranca un olivar para poner un seto se genera un desequilibrio en esa relación.

El olivar tradicional es un cultivo social. Lo del súper intensivo no sólo mata pájaros: empobrece a los aceituneros. A todos: desde el jornalero hasta el propietario que mantiene su plantación tradicional, que es además la principal arboleda de Europa. El tercer crimen es contra el Patrimonio Cultural Inmaterial. La Cultura de los pueblos olivareros está en riesgo. Díganme ludita e intenten argumentar que el seto es lo competitivo, que no se puede ir en contra de los tiempos. No es cierto. Compitamos en igualdad de condiciones. Si me pilla la guardia poniendo costillas, me cascan 60 euros por pajarito sí o sí. Pónganse en la cuenta de resultados de los super competitivos los 156 millones de sanción por el pajaricidio. ¿O a ese gato no se le pone casbabel?

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