Mensaje en la botella

Juan Ruz

Tomaduras de pelo

QUE la clase política no anda en su mejor momento, es una obviedad. He repetido en más de una ocasión que nuestros dirigentes andan a lo suyo mientras que el ciudadano de a pie intenta sortear dificultades y preocupaciones, que no es poco en estos tiempos que corren. Por ello, no dejan de sorprender determinadas cosas que pasan a nuestro alrededor y que incluso hemos aceptado ya como algo normal, pese a que no tengan ni pies ni cabeza.

Me refiero al nombramiento de nuestros dirigentes políticos, pero no en su faceta de gobernantes o gestores de la cosa pública, sino como representantes de la formación a la que representan. Y es que los partidos andan ahora sumidos en procesos de selección -y digo bien, selección, que no es lo mismo que elección- de quienes dirigirán los destinos de una determinada fuerza (como es el caso del PSOE) o de quién será el candidato a la Alcaldía (IU en Córdoba, por ejemplo). Pues bien, en ambos casos uno no deja de sorprenderse de cómo es posible que los partidos políticos, que sufragamos usted y yo con nuestros impuestos, sigan instalados en la desvergüenza y mantengan sistemas de designación un tanto alejados -siendo generoso- de lo que debe ser la democracia.

Dicen en el PSOE que se va a permitir en esta ocasión que los militantes emitan su opinión directamente, pero ojo, se trata de una consulta no vinculante, que ya el congreso federal con delegados verá quién es la persona adecuada para ocupar la secretaría general. Algo parecido ocurre en IU, donde a través de las asambleas de distrito se proponen una serie de nombres, pero es luego un consejo local reducido el que decide quién "da el perfil" para el puesto de candidato y después una asamblea ratifica o no esa propuesta. Para rizar el rizo, está también el método PP, que es que el dirigente de turno decide con el dedo y de manera caprichosa a tal o cual delfín y se organiza un congreso que ratifique lo que dice el líder. En esas andamos.

Que después de casi 40 años de democracia, en los que ha dado incluso tiempo hasta que para que el Jefe del Estado abdique, nuestras organizaciones políticas anden inmersas en sistemas de selección tan impresentables como los descritos es una tomadura de pelo, tanto a los fieles militantes de cada partido, como a los sufridos ciudadanos a los que nos quieren luego convencer para que les votemos. Nos merecemos algo mejor, sin duda.

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